Ejercicios

El estuche descripto

Dos mitades conforman el estuche. Son muy similares, sólo que una (que designaremos inferior) tiene una pequeña traba, que permite que la otra se quede unida a ella a menos que sea activada.

Ambas mitades son duras, como caparazones. Los bordes curvos evitan contactos innecesarios con objetos que les pueden causar algún peligro. La mitad superior alguna vez tuvo una inscripción que indicaba la manera de contactarse con la óptica de origen. Aquellas letras y números ya no están, ni siquiera en vestigio, y sólo permanecen en la memoria del portador.

En la parte posterior, dos bisagras proveen movilidad. Una está más expuesta que la otra, a causa de los repetidos golpes a los que se vio sometida. Se trata de la más cercana al suelo en caso de caerse. Cerca de ella se puede apreciar la ausencia de varios fragmentos de plástico, que han dejado de pertenecer al estuche. También hay rajaduras, que conforman un indicio del próximo fin.

Al abrir el estuche, el negro troca en marrón. Hay dos mitades interiores que se abren, como invitando a los anteojos a pasar. También se encuentra en el interior una felpa, que tiene el ostensible objetivo de limpiar los lentes, aunque la mugre acumulada durante los años hace que sea difícil conseguir grandes resultados.

Cuando se vuelve a cerrar el estuche, con o sin los anteojos, la traba que une las dos mitades hace un sonido que indica que la operación fue exitosa. Antes era un “clic”, hoy se ha visto debilitado a menos que el portador ponga especial esmero en el cierre. Pero, aunque el sonido no sea el mismo, la traba funciona igual que siempre, y mientras lo haga el estuche podrá cumplir con su cometido.

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14 Dec 2011
Ejercicios Del año:

La vista desde el cometa

El cometa se acercaba al perihelio. Los habitantes estaban expectantes. Se consideraban una generación privilegiada, al poder conocer la luz y el calor del Sol. La órbita muy elíptica del cometa los mantenía durante grandes lapsos en los confines del Sistema Solar. Desde el último perihelio, la ciencia se había desarrollado mucho, y los habitantes estaban en condiciones de entender de qué se trataba. Había registros de la vez anterior, pero eran tan lejanos en el tiempo que era difícil distinguir el mito de la realidad.

De modo que la ciencia reportaba novedades todo el tiempo. A medida que el cometa se acercaba al Sol, se producían novedades. La capacidad de observación iba cambiando. Algunas cosas que en el lado oscuro se podían ver bien se perdían en la luminosidad reinante, pero otros objetos eran mucho más visibles, porque eran iluminados por el Sol y también porque estaban más cerca.

Así fue como los astrónomos del cometa pudieron ver que había un objeto que llevaba una trayectoria tal que iba a chocar contra ellos. Subsiguientes observaciones no dejaron dudas: ambos cuerpos chocarían a menos que se hiciera algo. Y para peor, cuando pudieron medirlo, comprobaron que el objeto que los iba a impactar era enorme, mucho más grande que el cometa y capaz de pulverizarlo en el choque. Era tan grande que tenía otro objeto subordinado, bastante más chico pero, comparado con el cometa, también muy grande y con potencial devastador.

Las autoridades del cometa se reunieron en forma urgente para ver qué podían hacer. Era preciso desviar la trayectoria o evacuar, dejar para siempre el cometa donde siempre habían vivido. Se llegó a la conclusión de que iba a ser necesario el abandono, porque no existía la tecnología necesaria para desviar el cometa. Otra opción que se contempló fue destruir de alguna forma al objeto que iba a impactar, pero se determinó que era aún menos factible con la tecnología existente.

Se hicieron planes, entonces, para evacuar. Se inició la construcción rápida de varias naves que iban a llevar a todos los individuos que entraran. No era posible sacar a todos, por lo tanto era necesario encontrar un método para elegir a quiénes iban a tener el privilegio de sobrevivir y ser testigos de la destrucción de su cometa.

Mientras se daba un gran debate público, en el que cada uno intentaba imponer un criterio en el que se salvara, los astrónomos dieron la voz de alarma. Otro objeto se acercaba al cometa, esta vez a mucha mayor velocidad.

Se trataba de un objeto alargado y puntiagudo, cuya trayectoria aparentaba venir del cuerpo que iba a impactar al cometa. La velocidad era tal que no iba a haber tiempo para evacuar. En cuestión de minutos impactaría. Los astrónomos no estaban en condiciones de predecir las consecuencias de ese impacto, por lo que los preparativos para la evacuación continuaron durante el poco tiempo restante. Sólo se vieron interrumpidos por una luz intensísima, el único síntoma que pudieron llegar a percibir de la destrucción del cometa.

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Reciclaje

Esta es la historia de un escritor que escribía una pieza. La pieza trataba de un pintor que pintaba un cuadro. El cuadro mostraba a un pintor que pintaba un cuadro. Este cuadro describía con imágenes a un fotógrafo que sacaba una foto. Era la foto de un profesional de la fotografía, que se encontraba trabajando. Lo hacía sacando una foto a un avión que volaba. El avión llevaba atado un planeador. En el planeador iba un paracaidista. Su paracaídas contenía otro paracaídas de repuesto. El paracaidista estaba siendo investigado por un fiscal. El fiscal era sospechado de inconducta y estaba bajo investigación de la fiscalía. La fiscalía era el objeto de una investigación más, a cargo de un periodista de un importante matutino. El periodista era víctima de periodismo de periodistas en un programa de televisión. Imágenes de este programa salían en un show que se dedicaba a pasar imágenes de otros programas. Más tarde salieron en una recopilación de lo mejor del año. La recopilación fue galardonada en una entrega de premios. La realización de la transmisión de la entrega de premios fue premiada meses después. El director la transmisión de esta última entrega no había recibido la misma remuneración que el director de la transmisión anteriormente aludida, por hacer la misma tarea. Esto era una violación de su derecho constitucional. La Constitución explicitaba este derecho en su artículo 14 bis.

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6 Sep 2011
Ejercicios Del año:

Visita inesperada

El texto se desarrollaba con normalidad. Plácidamente, las palabras se convertían en frases al sucederse. Todo ocurría en forma tranquila, sin asperezas. Se trataba de un texto placentero, sin problemas, relajado. Un texto que se podía disfrutar al leerlo y también al escribirlo.

Hasta que, de repente, apareció el conflicto. Esta aparición llevó al texto por un torbellino de ideas. Lo que se había establecido antes fue modificado, lo cual causó una profunda inestabilidad en el resto de los elementos que formaban el texto.

Era la voluntad de los distintos elementos terminar con el conflicto. Pero no era una tarea fácil, porque se había incrustado en el texto con gran velocidad. Era mucho más fácil insertarlo que retirarlo, porque si se lo sacaba mal podía producirse un daño importante no sólo en los alrededores, sino indirectamente en todo el texto. Era posible que se arruinara todo.

Entonces hubo que urdir un plan. Había que vencer al conflicto. Se necesitaba la voluntad de todos los elementos. El texto debía volver a estar unido, sólo así podría salir de la situación en la que estaba metido. El problema era que había distintos planes para sacarse de encima al conflicto. Algunos involucraban esfuerzos menores por parte de muchos elementos, otros ponían la responsabilidad en la trama y en los personajes. Esto constituía un segundo conflicto, que debía ser resuelto para poder conseguir la unidad deseada.

Finalmente se llegó a un acuerdo. Se decidió un plan híbrido. En efecto, personajes y trama iban a tener que definir los lineamientos principales de la lucha contra el conflicto, pero todos los demás elementos debían cooperar para poder llevar adelante el combate. De otro modo, un elemento que no tirara para el mismo lado podía resultarle útil al conflicto para retrasar su retirada.

Así que todo el texto tomó coraje y, a la cuenta de tres, de un gran esfuerzo literario resolvió el conflicto, de modo que no le quedó ninguna rendija para seguir molestando al texto. Al conseguirlo, los elementos festejaron el triunfo, pero acordaron que debían ser vigilantes para que no les volviera a pasar.

Durante todo el resto del texto, el clima volvió a ser plácido y tranquilo. Y aunque ya no era el mismo que antes, pudo tener una existencia pacífica hasta el final.

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16 Aug 2011

El Universo en la playa

Una persona, tirada en la arena, mientras contemplaba la inmensidad del mar reflexionaba sobre su insignificancia en el Universo. “Pensar que comparado con el Universo yo no soy más que este granito de arena”, pensaba.

A su alrededor, otras personas se hacían la misma reflexión. Cada uno se daba cuenta de su propia falta de importancia, y se asimilaba a un grano de arena. Pero como nadie decía en voz alta lo que pensaba, no se enteraban de que todos estaban pensando lo mismo. Estaban comulgando entre sí, estaban siendo parte de algo más grande que ellos, estaban dejando su propia individualidad para pasar a ser, entre todos, otra cosa, un ente superior. Cada uno era como un granito de arena, y juntos formaban una enorme playa de reflexión.

Pero no se limitaba a ellos. En las otras playas, aunque estaban aislados, otras personas formaban otras playas de pensamiento. Lo mismo ocurría en los desiertos, en las planicies. La gente observaba la enormidad y se ubicaba en su lugar. Todo el planeta estaba unido sin saberlo. Era como una gran bola envuelta en un mismo sentir. Y ese sentir hacía que todos tomaran conciencia de que el planeta, comparado con el Universo, era insignificante.

Sin embargo, y sin que lo supieran, en otros planetas se compartía el mismo sentimiento. La inmensidad del Universo era percibida en todos sus rincones, no había criatura que no pudiera compararse con el todo y salir perdiendo. Pero nadie tenía ganas de pronunciar su reflexión. Todos tenían miedo al ridículo, a generar un debate inútil, sin saber que el Universo entero tenía ganas de hablar de su insignificancia respecto del Universo.

El Universo, así, también estaba unido sin saberlo. La reflexión sobre la insignificancia trascendía a las galaxias, también insignificantes, y abarcaba cada rincón en el que hubiera alguien capaz de formularla.

Sin darse cuenta, todos juntos, pese a su insignificancia, habían logrado crear algo mucho más grande y trascendente que cualquiera de ellos. La humildad ante el Universo era tan grande como el Universo.

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Esencia de luz invisible

La única luz que vale la pena es la que se ve con los ojos cerrados. Esa luz está libre de influencias externas, de puntos de vista sesgados, de fotones molestos. Cuando uno logra captar su propia luz, está listo para conocerse.

Cuando uno se conoce, conoce también el mundo. Todo está incluido en todo. Usted tiene el universo en cada célula. Arránquese un pelo y mírelo: está viendo miles de universos, uno atrás del otro, tomando forma de folículo mientras en cada uno de ellos, tal vez, esté usted mirándose un pelo.

Mientras usted (o el otro usted) se mira el pelo, por todos lados hay universos que no se pueden ver. O, mejor dicho, que sólo pueden ver los que están entrenados para percibirlos. ¿Cómo los ven? Cerrando los ojos y dejándose poseer por la esencia.

Si usted cierra los ojos, tarde o temprano la sentirá. La esencia no toca timbre. Se presenta y de repente la tiene, la ve. Tiene ganas de agarrarla, de capturarla, quizás de abrazarla, pero no se deja. Toda actividad humana es ajena a la esencia. Sólo accede a ser percibida durante un momento por el ojo bien entrenado.

Los ojos que no la pueden ver sólo perciben oscuridad. Algunos se desaniman, son los que no están preparados. En algún nivel lo saben. No son capaces de recibir al Universo. Si supieran que ya tienen millones, tal vez la idea les sería más familiar. O tal vez se desesperarían, y empezarían a rascarse desenfrenadamente para tratar de sacarse de encima todos los universos.

Pero no podrán. Sólo lograrán sacarse algunos, y con ellos las células que los contenían, que dejarán así de pertenecer a esas personas, para pasar a ser patrimonio del Universo.

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15 May 2011

Ceda el asiento

―Disculpe, ¿podría cederle el asiento a ella? Está embarazada.
―Lo cedería con gusto, pero no estoy sentado.
―Pero está embarazada.
―Está bien, lo que pasa es que yo también estoy parado.
―¿No le podría ceder el asiento? Está esperando un hijo.
―Bueno, en cuanto tenga un asiento para ceder se lo cederé. Pero por ahora no puedo, no estoy sentado.
―¿La va a dejar viajar parada con la panza?
―No hay nada que pueda hacer yo. Pídale a alguien que esté sentado.
―¿No vio el cartel? Los asientos son prioritarios para personas con movilidad reducida. Ella está embarazada. Cédale el suyo, usted parece una persona fuerte, capaz que soportar estar parado.
―¡Le digo que ya estoy parado!
―Está bien, entiendo, sólo que ella está embarazada y sería bueno que estuviera sentada. Pero si usted no quiere entrar en razones, no se puede.
―No es que no quiero entrar en razones. No tengo asiento, no puedo ceder algo que no tengo. ¿Por qué no le cede usted el suyo?
―Yo no tengo que cederle el asiento a nadie. Yo soy una anciana, me he ganado el derecho a viajar sentada.
―No. La respuesta correcta es que usted también está parada.
―No me distraiga con razonamientos. Acá lo único que está pasando es que usted no le cede el asiento a esta muchacha embarazada. ¿Es cierto o no es cierto?
―Es cierto, pero…
―Pero nada. Usted, señor (si se lo puede llamar señor), es un maleducado. ¿Dónde se ha visto no cederle el asiento a la chica embarazada? Así este país nunca va a avanzar.
―Mire, señora, no tengo ganas de discutir con usted. Yo le cedería mi asiento, pero el caso es que estoy parado. Ya se lo dije veinte veces, no sé si alguna vez lo va a entender. Pero tal vez entienda esto: ella ya consiguió asiento, se lo dio el de adelante.
―Bueno, viéndolo así es diferente. Pero, ¿por qué no me cede el asiento a mí? Yo soy una anciana, no me queda mucho en este mundo, por lo menos podría sentarme.
―OK señora, hagamos una cosa. Yo me tiro en cuatro patas y usted se sienta sobre mi espalda. ¿Le parece?
―No me falte el respeto, que podría ser su madre. Y no desvíe el tema. ¿Por qué no termina con todo este asunto y me deja sentar?
―Yo le dejo sentarse todo lo que quiera, señora, siéntese donde le parezca.
―No, no entiende. Yo necesito sentarme donde usted está sentado, porque es cerca de la puerta. Si no, voy a tener que forcejear cuando me baje, y soy una persona de edad, débil, no estoy en condiciones.
―Y yo no estoy en condiciones de cederle ningún asiento, porque no estoy sentado. No es muy difícil de entender.
―Tampoco es muy difícil pararse para que alguien que lo necesita se pueda sentar.
―Lo es cuando ya estoy parado, señora.
―Bueno, si usted no quiere entrar en razones voy a tener que recurrir al chofer.
―Con todo gusto, vaya y fíjese si la puede ayudar.

La señora va hacia el chofer. Discuten un rato. En un semáforo, el chofer se levanta de su asiento. La señora se sienta en su lugar y maneja el colectivo hasta su parada.

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9 May 2011
Ejercicios Del año:

Lorem Ipsum

Lorem Ipsum dolor sentía al sentarse, en consecuencia siempre estaba parada. En los colectivos la gente le hacía notar que había asientos disponibles, pero Lorem Ipsum siempre se negaba a aceptarlo. Sus pies no dejaban oír la más mínima queja, pero pronto sus rodillas comenzaron a dolerle.

La cura era simple: debía acostarse hasta que dejara de dolerle. El dolor en las rodillas, de todos modos, era bastante menor que el dolor que sentía al sentarse. Era un dolor muy profundo. Los médicos que había visto no le habían podido encontrar una causa, precisamente porque era un dolor demasiado profundo.

Claro que Lorem estaba interesada en sentarse. El resto del mundo lo hacía, ella no quería ser menos. Pero sólo le interesaba si no le dolía. Hasta que se le ocurrió que tal vez al resto de las personas también sentían el mismo dolor al sentarse. Posiblemente era sólo cuestión de aguantar.

Lorem Ipsum, entonces, hizo un esfuerzo y se sentó. El dolor que sintió fue muy profundo. Tan profundo que la gravedad lo trasladó a la silla donde Lorem Ipsum se había sentado.

“¡Lorem! ¡Estás sentada!”, exclamó al verla su padre, Pater Noster. Lorem asintió con la cabeza y otras partes del cuerpo. “Y además no me duele nada”, agregó con alivio. La silla no opinaba lo mismo, pero tampoco tenía forma de expresarlo, por lo que ni Lorem ni Pater se enteraron de lo que ocurría.

Pater Noster decidió que había que celebrar el logro, y propuso a su hija que fueran juntos a tomar un helado. Lorem Ipsum nunca perdía oportunidad de tomar helado. Pero tuvo miedo de que, al levantarse de la silla, le volviera el dolor. La silla, en tanto, deseaba fervientemente la llegada de ese momento. Pater se ofreció a ayudarla y se colocó detrás de ella, para sostenerla en cualquier caso.

Con cierto esfuerzo, Lorem Ipsum se levantó lentamente de la silla. Al lograr una posición erguida, la silla lanzó un gran suspiro. Pero nadie se dio cuenta de que había sido la silla. Lorem pensó que era su padre, y Pater pensó que era Lorem.

Ambos fueron a tomar un helado, mientras la silla, a pesar del alivio de no tener a Lorem encima, continuaba con el dolor. Intentó cambiar de posición para ver si se aliviaba, y encontró que si estaba acostada con el respaldo sobre el suelo no le dolía nada.

Por eso, al volver Lorem luego de tomar el helado, cuando quiso volver a sentarse, acomodó la silla. Pero la silla, justo cuando ella se estaba sentando, volvió a acostarse sobre el piso y Lorem cayó al suelo.

El padre la ayudó a levantarse y comprobó que no le dolía nada. Tomó la silla y la acomodó con firmeza en una posición apta para sentarse. Luego se sentó él. Pero a la silla ya no le dolía, entonces no le impidió acomodarse.

El dolor había quedado en el suelo, que lo tuvo que aguantar sin poder hacer nada.

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11 Feb 2011
Ejercicios Del año:

Otra vida

Cada niño nace casi como feto. Juan, cuyo hijo está allí, sabe esto. Sexo: nene. Juan está como loco. Mira esos ojos. Mira cómo abre bien cada mano este pibe. ¡Está vivo! Esta hora será rara, como toda gran hora. Juan goza. Baja baba como agua.

Buen plan, gran idea tuvo Mara, supo Juan. “Esto anda”, dijo. “Este amor está bien”. Allí está Mamá Mara. Juan mira cómo Blas toma teta. Ella hace algo para usar cada mama. Juan hace clic. Saca foto tras foto. Todo esto será film.

“Juan, poné allá este moño azul”, dice Mara. Juan hace caso.

Cayó Mimí. Ella está algo mala, ayer hubo vino. Pero todo bien. Este olor dice algo: Blas hizo caca. “Dale Juan, hacé como dije”, pide Mimí. Será raro usar tela, pero todo está caro.

¿Será gran tipo Blas? Juan, dice, será buen papá. Blas hará gran obra, cree Juan. Hará todo bien. Todo será goce.

Todo está bien. Blas está sano. Mara yace. Juan reza. Dios dará.

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28 Nov 2010

Qué hacer con la yema

Para hacer merengue, hay que batir claras de huevo. Pero, ¿qué hacer con la yema cruda que inevitablemente sobra al separar la clara? Primero, acumule un kilo de yema cruda. Luego póngala en la heladera durante 25 minutos. Es muy importante no pasarse de ese tiempo, le sugerimos controlarlo por reloj (si llega a olvidarse, agregue dos cucharadas soperas de azúcar por cada cinco minutos de frío extra).

Ahora viene la parte más desagradable. Debe darle de comer la yema cruda a un caballo blanco. Debe también darle de beber Coca-Cola. Debe ser sí o sí un caballo blanco porque sólo los intestinos de esa especie generan la combinación adecuada de ambas sustancias. Y conviene usar Coca-Cola porque los caballos blancos suelen manifestar rechazo por la Pepsi.

Espere 24 horas y recoja la bosta del caballo blanco. Procésela de la siguiente manera: mezcle dos partes de bosta con una parte de claras de huevo a punto de nieve que le hayan sobrado del merengue (deben estar sin batir). Guarde la mezcla en la heladera durante 72 horas en un frasco herméticamente cerrado.

Pasado ese tiempo, deje reposar el frasco abierto al aire libre, cuidando que no chorree nada. Cuando la mezcla esté blanda, úntela sobre las paredes interiores de su casa. Una vez que se seca (puede pintar sobre ella si lo desea) notará que ningún mosquito se atreve a entrar.

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20 Oct 2010
Ejercicios Del año:

Vamos a desear bien

Demasiada gente se llena la boca hablando de que la inmortalidad no es ninguna ventaja. Que es un deseo de la gente simple, que no entiende nada de la vida. Tal vez lo sea, y eso no significa que no sea respetable.

¿Qué argumento pueden tener en contra de vivir para siempre? Los inteligentes siempre encuentran maneras de sostener sus posturas. La que encontraron en este caso es hablar de la desdicha del inmortal, del hombre abatido que ve morir a todos sus amigos, irse a su tiempo, y queda solo, derrotado, con el íntimo deseo de morir igual que los demás.

Es cierto que nadie quiere ser así. Pero no se desprende de ese argumento que esté mal desear la inmortalidad. Si vamos a desear algo imposible, por lo menos podemos desear bien. Yo quiero ser inmortal, de modo no metafórico, y que todos mis seres queridos también lo sean, si les interesa.

No deseo la inmortalidad para todos. Sería problemático, lo entiendo. Me basta con la mía y la de un pequeño círculo de gente que me gusta más viva que muerta, igual que yo. No sé si pretendo algo exclusivo, tal vez todos puedan tener derecho a algo así, pero posiblemente unos cuantos elijan morir.

¿Por qué eligen morir algunos? Porque les prometen la vida eterna para el instante posterior. No es que quieren morirse. El problema es que es muy difícil de creer la idea de una vida eterna, al menos con la evidencia que hay en este momento. Y está bien, después de morirse uno no se muere más, pero eso no significa que esté vivo sino lo contrario.

Me gustaría, si no la inmortalidad, al menos vivir lo suficiente como para saber que cuando me muero voy a algún lugar mejor. En ese caso no me molestaría tanto la muerte. Pero vamos a convenir que así cualquiera. Es valiente el que se enfrenta a la muerte sabiendo que es el fin definitivo de su existencia.

Claro que no sé si quiero ser valiente, me interesa más no morirme.

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21 Aug 2010

Soy muy querendón

Hoy me di cuenta de que quiero a toda la gente. Los quiero sin condicionamientos, hagan lo que hagan, y sin distinción de sexo, raza, nacionalidad, equipo de fútbol ni nada por el estilo. La verdad, a veces me doy un asco terrible.

No es intencional quererlos a todos. Es una porquería. No puedo fantasear con la muerte o el sufrimiento de alguien, porque ahora me hago sufrir a mí mismo. Me preocupo porque todos estén bien, y es inevitable que unos cuantos en determinado momento anden mal, entonces yo también me pongo mal. Soy un pelotudo.

Si sólo confinara el cariño a mi círculo íntimo, o algo más o menos controlable, podría funcionar. Me gusta querer, pero hay alguna gente a la que no tengo ninguna intención de querer. Sin embargo, lo hago. Mi amor es demasiado generoso. Parece que la única persona a la que no quiero soy yo mismo.

Los quiero a todos, aún a los roñosos, los delincuentes, los energúmenos, los nabos y los forros. No sé quién me manda a ser tan amplio. Tengo que hacer una buena autocrítica, conseguir ser más fuerte de carácter y permitirme dejar de querer a la mayoría. A algunos, incluso, debería odiarlos. Pero soy un blando de mierda y los quiero.

Espero que, mínimamente y aunque ya lo tengan, por lo menos algunos hagan algún esfuerzo para merecer mi cariño.

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1 Aug 2010
Ejercicios Del año:

Esto nunca ocurrió

Hernán entró a su casa. No, digamos que Hernán entró a una casa. No, tampoco. Hernán tocó timbre y le dejaron entrar. No. Hernán abrió la puerta de calle y subió en ascensor hasta su departamento. Pero llamarlo Hernán puede ser sospechoso. No estoy hablando de nadie que yo conozca, y menos de ningún Hernán que yo conozca. Mejor cambiémosle el nombre. Es Santiago, no Hernán. Lo dicho anteriormente de un departamento se aplica a Santiago. Olvídense de Hernán.

Santiago, decía, acababa de entrar a su vivienda. Cuando cerró la puerta notó un olor extraño. En realidad no notó un olor extraño, esto lo digo para diferenciar lo que realmente pasó de lo que estoy contando. El olor que Santiago no notó venía del baño. No, venía de la cocina. Sí, venía de la cocina pero no de la cocina en tanto electrodoméstico sino del ambiente donde se encontraba esa otra cocina. Más exactamente, había olor en el lavarropas. Créanme que el lavarropas de Santiago estaba en la cocina.

Santiago notó que el olor le era familiar. No, mentira, no le era familiar en absoluto. Él nunca había estado en presencia de un olor semejante. Bueno, eso tampoco es 100% cierto. Alguna vez había olido algo así pero no se acordaba bien cuándo. En realidad, debo decir, Santiago se acordaba pero yo no. Sepan disculpar.

Santiago supo que había algo en su lavarropas. Pero lo supo mucho después, una vez que todo esto hubo terminado. En ese momento no sabía nada. No estoy acusándolo de premeditación, que se entienda bien. Queda establecido que Santiago no sabía lo que iba a encontrar en el lavarropas. Pero tal vez sea justo decir que sospechaba que lo que encontraría de abrirlo no iba a ser nada bueno.

Santiago se dispuso a abrir el lavarropas. En verdad, esa afirmación no es completamente rigurosa. Santiago dudó muchísimo. Pensó en llamar a alguien. Pero no supo a quién. Finalmente se decidió y abrió el lavarropas.

No, no fue así. No abrió el lavarropas. Santiago no tenía lavarropas. Es más, ni siquiera se llamaba Santiago. Era Adrián. Adrián, no Santiago ni Hernán, había entrado a su departamento, no a su casa ni a una ajena, y había sentido un olor que provenía de la cocina, donde no tenía un lavarropas. Sería absurdo tener un lavarropas en la cocina, nadie lo creería. Pido disculpas por haber inventado una historia tan poco creíble.

Lo que ocurrió fue esto. Posta. Adrián entró a su departamento y sintió un olor extraño que provenía de alguno de sus ambientes. No, no debí haber escrito eso. Lo que sintió fue un ruido extraño. Eso es más razonable. Más realista también. No, más realista no es. Perdón. Es sólo más razonable. Adrián escuchó un ruido. Nop. Oyó un ruido es lo que debí haber dicho. Era un tenue ruido metálico que se repetía haciéndose más fuerte cada vez.

En realidad no era un ruido metálico. Era como pequeños golpes, como pisadas. Como si hubiera alguien más en su hogar. Alguien estaba ahí, tal vez para robar. Adrián se alarmó. No, no se alarmó, Adrián era muy valiente. Adrián tuvo precaución. Sí, eso. Adrián agarró su celular y llamó a la policía. Pero lamento decir que una vez más falté a la verdad. No ocurrió esto que acabo de decir. Sí llamó a la policía, pero desde el teléfono fijo de la vivienda a la que acababa de entrar. No tenía celular. Aunque en verdad sí tenía celular pero se le había acabado la batería.

La policía no tardó en llegar. No, en realidad sí tardó un rato, no se puede no tardar. Lo que quiero decir es que un patrullero llegó rápido, y la patrulla que contenía subió al departamento no mucho tiempo después de la llamada que realizó Adrián desde el teléfono fijo de su departamento cuando oyó ruidos extraños como pisadas que provenían de alguno de sus ambientes en el momento en el que acababa de entrar.

Pero no fue así como lo estoy contando. Tengo que corregir un par de detalles. Adrián entró al edificio pero no al departamento. Se quedó en la puerta y entró pero después de la llegada de la policía. Había llamado por celular, no por el teléfono fijo, y la batería sí se acabó pero después de esa llamada. Y se constató que los ruidos de pisadas que oía eran los de la policía que respondía a su llamado.

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28 May 2010
Ejercicios Del año:

Comunicación facial

Cuando terminamos de comer, ella me miró con cara de cansada. Yo puse cara de estar entusiasmado, y di a entender así que me quería quedar un rato más. Ella puso cara de fastidio y después asintió con su cabeza.

Más tarde me puso una cara extraña. Yo puse cara de no entender su rostro, y ella puso cara de que yo sabía exactamente lo que estaba pasando por su cabeza. Yo puse cara de confusión y ella se llevó la mano a su rostro. Luego puso cara de enojada.

Yo le contesté poniendo cara de nada. Ella puso cara de que si la seguía ignorando íbamos a tener problemas, entonces yo puse cara de que cedía a sus requisitos.

Levanté la mano para llamar al mozo y puse cara de pedir la cuenta. El mozo me la trajo y yo puse cara de que era muy caro, pero pagué igual. En el auto, de vuelta a casa, tuvimos una plácida conversación mientras yo miraba la calle.

Cuando llegamos a casa puse cara de no tener ganas de ir a acostarme todavía. Como ella tenía cara de dolor de cabeza, yo le traje una aspirina y al rato su rostro estaba más aliviado. Luego transmitió alivio y disposición para cualquier propuesta.

Yo puse cara de querer ver una película, pero ella puso cara de que se iba a hacer muy tarde. Ella puso cara de jugar a las cartas y yo puse cara de aceptar, y luego puse cara de escoba de 15. Ella puso cara de pararme en seco, y también de que si no íbamos a jugar al truco ella no se iba a molestar en ir a buscar el mazo. Yo puse cara de resignación.

Ella fue a buscar las cartas, barajó y repartió. Cuando empezamos a jugar notamos que, cada vez que mirábamos nuestras cartas, ambos poníamos la cara correspondiente al naipe que acabábamos de recibir. Eso hizo que nos aburriéramos muy rápido del juego. Ella guardó el mazo y, sin decir nada, nos fuimos a dormir.

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24 May 2010

Desorientado

¿Dónde estoy? Está oscuro. Estoy solo. Estoy perdido. Tengo miedo. Oigo ruidos. Quiero irme. Salir corriendo. No puedo. No veo. Sólo escucho. Oigo voces. ¿Hay gente? Sí, hay. Son dos. ¿Serán buenos? ¿Habrá otros? ¿Me salvarán? Busco contactarlos. Me oyen. Se sorprenden. Me contestan. No entiendo. Hablan raro. Son extranjeros. O extraterrestres. Quién sabe. Me acerco. Me juego. Les hablo. Pido ayuda. No responden. Pasa tiempo. Son tímidos. Hablo nuevamente. Hago gestos. No entienden. Me miran. Me estudian. Me tocan. Son fríos. Me sueltan. Se sonríen. Se van.

Arranco mi caminata. Busco la salida. Si la hay. Elijo una dirección. Son todas iguales. Agarro para allá. Pasa un rato. No ocurre nada. Sigo mi camino. Es muy aburrido. Sigo con miedo. Estoy algo apurado. También estoy intrigado. No entiendo nada. ¿Qué estará pasando? ¿Será un sueño? Trato de pellizcarme. No lo logro. Intento otra vez. Ahora sí puedo. No me avivo. Sigo sin saber. Ya me enteraré. Alguna vez despertaré.

Empiezo a tener hambre. Esto sigue siendo misterioso. No hay ninguna señal. No veo a nadie. Esto es un desierto. Un desierto particularmente oscuro. También me agarra sed. ¿Dónde podré conseguir agua? Tal vez haya algo. Continúo el camino iniciado. Es difícil ubicarme acá. Puedo sentir mis huellas. Eso me permite orientarme. Saber para dónde voy.

¿Cuándo se acabará esta pesadilla? Mi hambre sigue estando presente. Incluso se fortalece cada vez. Me gustaría poder ver algo. Pero sigue estando muy oscuro. ¿Cómo es que llegué acá? ¿Quién demonios me pudo traer? ¿Habré fallecido sin darme cuenta? ¿Estaré en el más allá? Se supone que es blanco. Pero no se puede confiar. Son chismes sin mucha credibilidad. No se pueden verificar científicamente. Podría ser el más allá. Tal vez sea el infierno. Pero no, acá hace frío.

Basta de especular así. Me conviene no pensar. No hacerme la cabeza. ¿No habrá más gente? No hay ningún signo. Aquellas personas no aparecen. Tal vez fueron espejismos. Eso es muy posible. Yo las pude ver. Pero está muy oscuro. No se ve nada. Por eso no contestaban. Era que no existían. Pero sí me tocaron. Tal vez lo imaginé. ¿Me estaré volviendo loco? ¿Qué será de mí?

No sé nada. ¿Qué me pasa? Estoy muy nervioso. Tengo que calmarme. Ya podré salir. Esto se terminará. Es una etapa. Hay que pasarla. Tomarla con humor. Reírme un poco. Ja ja ja. No, no funciona. Sigo estando igual. ¿Habrá una salida? ¿Busco en vano? ¿Me moriré acá? No quiero eso. Tengo que perseverar. Cambio la dirección. Busco tener suerte. Quiero una explicación. Quiero ver algo.

Pasan horas. Sigo caminando. No termino. Nada cambia. Mucha oscuridad. Tengo hambre. Tengo sed. Estoy cansado. Me duermo. Me despierto. Camino más. Hago ruido. Bato palmas. Chasqueo dedos. Escucho eco. Hay límite. Lo busco. Pruebo nuevamente. Otro eco. Me acerco. Voy corriendo. Corro muchísimo. Sigo probando. Más eco. Estoy cerca. Sigo corriendo. Repentinamente choco. Una pared. ¡Una pared! ¡Hay algo! Me apoyo. Descanso algo. La abrazo. Siento algo. Algo escrito. Es Braille. Puedo leerlo. ¿Qué dice? Una palabra. Sólo una. La clave. Explicará todo.

“Rosebud”.

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10 Apr 2010
Ejercicios, Pop! Del año:
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