Hondo contenido social

Domine el pánico

En caso de una emergencia, lo más importante es mantener la calma. Dejarse llevar por el primer impulso puede ser fatal. Cada decisión que usted tome puede significar una muerte horrible, por lo tanto es necesario tomar las decisiones correctas. Y para eso es necesario no entrar en pánico.

Es necesario tener la cabeza clara. Piense bien cada paso. No corra, pero salga rápido. Tenga en cuenta que cualquier movimiento en falso puede terminar, por ejemplo, en que usted sea quemado vivo. Entonces vaya con calma hacia la salida de emergencia. Pero no con demasiada calma. Esto también puede ser fatal. Necesitará la cantidad justa de calma y de miedo, sin convertirse en pánico.

Siga las instrucciones del personal especializado. Ellos saben cómo evacuar. En ese caso usted deberá no pensar y seguirlo ciegamente, a menos que encuentre que el personal está interesado en que usted fallezca. En ese caso escápese, pero antes esté seguro de lo que hace.

Olvídese de sus pertenencias. Ninguna es más valiosa que su vida. En todo caso regrese más tarde, cuando el siniestro haya terminado, para recuperar lo que queda, si es que algo queda. Pero mientras exista el peligro mantenga sus prioridades firmes: debe salir de donde está. Debe hacerlo lo más rápido posible, pero no demasiado rápido. Tenga cuidado, mire por donde camina, porque si se llega a caer todo puede empeorar rápidamente. Si se llega a fracturar en un momento de evacuación es posible que sea la diferencia entre vivir y morir, por lo tanto es mejor caminar con cuidado. Recuerde la importancia de la prevención, aun en caso de emergencia.

Para darse ánimo, piense en el exterior. Visualice lo que será su vida cuando salga de la situación en la que se encuentra. Piense en momentos felices del futuro, en el oxígeno que respirará, en el alivio de sus familiares. Pero no pierda el foco en la evacuación, porque si no ese futuro corre grave peligro de no concretarse nunca.

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7 Jan 2012

Antes del show

El recital generaba tanta expectativa que el público hizo cola desde varios días antes en la puerta del estadio para poder conseguir un buen lugar. Había mucho entusiasmo en la multitud. Muchos llevaban banderas o remeras alusivas al cantante que se presentaba. Para pasar el tiempo, se armaban coros que cantaban las canciones que todos esperaban que el artista cantara. Todos las sabían, y todos tenían la intención de cantarlas junto al intérprete de su predilección. No era la idea escucharlo, sino tener la experiencia del recital, participar, conectarse, pasarla bien. Para escucharlo cantar ya tenían los discos.

Como se difundió la noticia de que ya había una multitud, otra gente que también tenía entrada comprendió que era necesario ir temprano para obtener una buena ubicación. Así que una semana antes del recital ya había decenas de miles de personas en fila en las calles aledañas al estadio.

El recital era un miércoles. El domingo anterior, se abrieron las puertas. Los que estaban más adelante no sabían si era atinado pasar, porque faltaba bastante tiempo. Pero razonaron que probablemente la organización les estaba haciendo el favor de hacerlos esperar adentro. Y, además, la presión de los de atrás estaba por hacer que fueran aplastados, así que los de adelante pasaron y se ubicaron en los mejores lugares de la platea. Hubieran querido ir a campo, pero el acceso estaba cerrado, lo que provocó protestas airadas de los que ya a esa altura llevaban varios días con el objetivo de estar cerca del escenario.

Pero fueron desoídos. Cuando las tribunas del estadio se llenaron, y mientras el público cantaba canciones del artista que estaban esperando, salieron al campo veintidós jugadores de fútbol y tres árbitros. Estaban dispuestos a jugar un partido correspondiente al campeonato local.

El público no entendía mucho de qué se trataba el espectáculo que estaba presenciando. No habían ido a ver eso, un partido de fútbol como telonero de un recital era algo atípico. Pero después de un rato la multitud se fue entusiasmando con el show.

Empezaron a seguir el partido con interés. Pronto, todo el público estaba haciendo lo que había ido a hacer: imitar a los protagonistas, desempeñarse al mismo tiempo que ellos. Y así como en el recital no iban a tener micrófono, durante el partido no tenían pelota. Pero eso no les impidió hacer como los jugadores y patear o cabecear todo lo que tuvieran cerca.

Todos disfrutaban muchísimo menos la policía, que confundió el episodio con una gresca monumental y procedió a desalojar el estadio, dejando fuera a todos los que habían esperado tanto tiempo para entrar.

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23 Dec 2011

Mocos de generaciones

Cuando el primer alumno pegó un moco a la parte de abajo de su pupitre, en vida de Sarmiento, no se imaginaba que estaba iniciando una cadena destinada a llegar a nuestros días.

Él y sus continuadores crearon una pegajosa sucesión de mocos, chicles y otras sustancias, que comunican a generaciones de alumnos a través de los pupitres. Cuando un chico llega a una escuela nueva, la presencia de la masa bajo su pupitre le recuerda que es parte de una larga tradición.

Cuando se produce una renovación de pupitres, los escritorios prístinos son sometidos a la ceremonia de inauguración de una nueva cadena de mocos. El primero de ellos certifica que el pupitre es aceptado por los alumnos y permite el pegado de otros.

Las administraciones de las escuelas no son muy afines a esta tradición. Es más bien una costumbre informal, compartida por los alumnos a través de diferentes generaciones. Algunas autoridades insisten en la limpieza, en tener el mobiliario en condiciones, pero igual respetan la tradición de los mocos, porque ellos también fueron alumnos. Entonces exigen que la superficie de cada pupitre se mantenga prolija, pero hacen la vista gorda ante lo que ocurre debajo.

Así, los alumnos también aprenden la importancia no sólo de las apariencias externas sino de la realidad bajo la superficie. Aprenden a manejarse por abajo de la mesa mediante las costumbres llevadas a cabo por sus antepasados y antecesores. Aprenden, en suma, a manejarse en la sociedad.

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5 Dec 2011

Se viene el año

El año nuevo se acerca inexorable. Va cubriendo el mundo despacio, poco a poco, como el caer de la noche. Grandes porciones del planeta se van cubriendo. El año anterior es cubierto y abolido por el nuevo.

A lo largo de la línea móvil de cambio de año se oyen explosiones y se ve una luminosidad inusual. Estos eventos marcan la llegada. El año va del este al oeste a una velocidad constante.

Los que quieren escaparse deben correr hacia el oeste, pero es inútil. El año nuevo los alcanzará. Si logran superarlo, lo alcanzarán ellos por atrás. De cualquier manera, todos serán cubiertos. Nadie podrá escaparse. El año regirá a todo el mundo durante al menos doce meses.

Son pocos los que se resisten. Casi todos, incluso, festejan la llegada. Quieren recibirlo bien porque depositan esperanzas en él, sin darse cuenta de que es tan sólo un año. O tal vez se resignan, sabiendo que no pueden evitar su llegada, y ya que están le dan la bienvenida.

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29 Nov 2011

El burbujero

El burbujero estaba en la plaza, como todos los domingos, vendiendo burbujas a los chicos. Cuando un chico convencía a sus padres de comprarle una, el burbujero sacaba una burbuja de su balde, la guardaba en una bolsa de red y se la entregaba con una sonrisa.

Ese domingo era igual a todos. El burbujero recorría los caminos del parque con su balde y se saludaba con el heladero, el calesitero y el barquillero. Además del balde de burbujas, llevaba un paquete de semillas para dar de comer a las palomas. Esto le causaba placer por sí solo, y también le atraía clientes, porque muchos chicos querían ver al hombre que era rodeado por las palomas.

En un momento, un chico lo vio y se entusiasmó tanto que se le acercó corriendo. El burbujero estaba distraído alimentando palomas, por eso no lo vio. El chico, que estaba aprendiendo a correr y todavía no había perfeccionado el arte de frenar, se chocó contra él. Por el impacto, se le cayó la bolsa de semillas adentro del balde de burbujas.

El señor no se enojó, porque sabía que los chicos eran así, no lo hacían a propósito. Pero las palomas sí se mostraron disconformes, porque les faltaba la comida que hasta el momento se les estaba proporcionando. Algunas palomas rodearon el balde, porque podían percibir alimento dentro de él. De repente, como treinta palomas impedían ver el balde.

Entre varias lo agarraron con las patas y volaron con él. Mientras, otras trataban de llegar a las semillas. Para hacerlo, se metían dentro y exploraban entre las burbujas, como si fuera un pelotero. Algunas conseguían semillas, pero siempre quedaban más, porque eran muchas y difíciles de ver. Entonces más palomas se metían en el balde, que estaba cada vez más alto.

Cuando fueron muchas las palomas, el balde se dio vuelta. Quedó con la abertura hacia abajo, y dejó escapar no sólo las semillas, sino las burbujas. Las palomas bajaron a buscar las semillas que se habían caído. Las que llevaban el balde lo soltaron, sin importarles el impacto que segundos después causaría. El lugar se llenó de palomas que buscaban semillas. Mientras tanto, miles de burbujas bajaban lentamente sobre la plaza.

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Griterío

El grupo Los Cinco Bajistas se presentaba por primera vez en la ciudad. Su llegada había sido precedida por una gran campaña publicitaria organizada por la empresa discográfica, que estaba interesada en hacer conocer a la banda entre el público adolescente. Respondiendo a la convocatoria, el teatro donde se presentaba el grupo se llenó.

Al abrirse la cortina, los integrantes de la banda salieron a escena y fueron recibidos con un moderado aplauso de bienvenida. Seguidamente se abocaron a tocar sus temas. Al oírlos, los adolescentes no lo podían creer. Nunca habían oído algo tan malo.

Estaban tan sorprendidos por la pésima música de Los Cinco Bajistas que no atinaron a más que gritar durante el recital. Los gritos consiguieron tapar la música. Cuando por algún motivo el público hacía silencio, se volvía a escuchar el ruido de la banda y los gritos regresaban espontáneamente.

Luego del recital, se difundió lo ocurrido. Las imágenes de adolescentes gritando a más no poder confundieron a quienes no habían estado. Creyeron que los gritos respondían a la enorme emoción despertada por la banda. Por eso se agotaron las entradas para las siguientes funciones. Así, la escena de los gritos se repitió.

Los Cinco Bajistas fueron un furor. Al ver que los adolescentes iban a verlos, la prensa especializada empezó a darles espacio. También a elogiarlos. Entonces más adolescentes conocieron a la banda y tuvieron ganas de ir a verla.

Pero intercedió la radio. También se había hecho eco del éxito, y empezó a pasar la música del grupo porque se palpaba la demanda del público. Las distintas radios, que esperaban que subiera la audiencia, se sorprendieron al ver que cuando estaba el grupo en el aire, el público se pasaba a otra. Entonces dejaron de transmitir esa música. Los operarios respiraron aliviados.

Alertada por las radios, la disquera cayó en la cuenta de que no se había vendido una cantidad saludable de discos. Los puestos instalados en el hall del teatro tampoco exhibían ventas. La banda era un éxito de público pero un fracaso como producto.

Entonces la disquera dejó de publicitarlos. Durante algunos días las funciones continuaron, hasta que se dejaron de difundir las imágenes de la banda por televisión, y el público gradualmente se olvidó de ellos.

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20 Nov 2011

Feliz sin serlo

Ella cree que es feliz. Está persuadida, convencida. No necesita cuestionarlo. Entonces sigue asumiendo su felicidad, sin saber que en realidad, en el fondo, no lo es.

Le gusta compartir su felicidad, exhibirla a los demás. También a ella. Se mira en el espejo y sonríe al verse feliz, y eso es suficiente para mantener su convicción errónea.

No sabe cuál es la receta que la ha llevado a la situación en la que está. Cree que el camino que la llevó a su posición actual en la vida es también un camino a la felicidad. No para de recomendarlo a los demás, sobre todo a los que ve menos felices que ella. Recuerda las grandes decisiones que tomó y se persuade de que estuvieron bien tomadas.

Por eso rechaza la idea de grandes cambios. Sin saberlo, rechaza la chance de una felicidad verdadera, genuina. Se conforma con la falsa que tiene, porque no sabe que es falsa. Tampoco quiere enterarse. Si alguien se lo insinúa, se enoja, y refuerza más su convicción de que lo que pasa es que la envidian.

Mientras tanto, ella sigue disfrutando. Nunca va a enterarse de que no es feliz.

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27 Oct 2011

Concierto a beneficio

Se anunció un concierto a beneficio. Varios artistas de gran renombre formarían parte de una velada cuyo objetivo sería recaudar fondos para una causa que lo ameritaba. Las entradas se vendieron a una velocidad inaudita. Se auguraba un estadio lleno a rabiar. Todos los músicos estaban entusiasmados por formar parte de la iniciativa.

El día del concierto, los músicos se reunieron a almorzar para desearse suerte mutuamente. Durante la comida se habló sobre la causa que los congregaba. Todos estaban orgullosos de hacer un aporte, y cada uno se enorgullecía de que, además de participar en el concierto, también hacía donaciones de su bolsillo.

La idea flotaba en el ambiente y era cuestión de tiempo hasta que alguien mencionara lo aprovechador que era el público. Todos, evidentemente, estaban en condiciones de donar el valor de la entrada a la causa benéfica. Sin embargo, parecían necesitar que varios artistas de gran renombre formaran parte para hacer efectivo el movimiento de fondos.

Los músicos se dieron cuenta de que al público no le importaba la causa, sino verlos en escena. Esto último era razonablemente halagüeño, pero mostraba el egoísmo de los que iban a estar presentes esa noche en el estadio. Quién sabe cuánta gente no pudo comprar entradas por haber gastado su dinero en donar a la causa.

Todos se enojaron muchísimo, tanto que se les fueron las ganas de tocar para esa gente. Pero a esa altura no se podía cancelar el concierto. Además, existía la chance de que los miserables que iban a componer la audiencia demandaran la devolución del importe de las entradas, como si no se tratara de un aporte benéfico. Entonces se resolvió a regañadientes llevar a cabo el concierto.

Cuando fue la hora, los primeros músicos salieron a escena sin esperar que el estadio terminara de llenarse. Querían terminar cuanto antes. El público se sorprendió, pero aplaudió la puntualidad y, sobre todo, la llegada de los músicos. Luego de un frío saludo, se lanzaron a tocar el primer tema.

Pero no lo tocaron con entusiasmo. Más bien, fue una versión notoriamente pobre, a pesar de que era un tema que se tocaba seguido. La falta de ganas estaba afectando a la performance. El público notó las deficiencias, pero no importaba. Estaban viendo a los músicos en escena, entonces aplaudieron al final con gran entusiasmo.

Los músicos, al ver que el público no sólo estaba allí por razones egoístas sino que ni siquiera se dignaba a no aplaudir una versión mala de un tema conocido, o sea que tampoco iban a apreciar la música, se indignaron más. Salieron del escenario, debatieron unos minutos y decidieron suspender el show. Previamente volvieron a salir todos al escenario y explicaron la decisión. Lo hicieron sin guardarse nada. Llamaron miserable al público, y expresaron su desprecio con todas las de la ley. Indicaron también que, si en su miseria algunos querían que les devolvieran el dinero de las entradas, no iban a tener problemas, porque no tenían intención de recibir aportes de gente tan despreciable como la que poblaba el estadio esa noche.

El público, al principio, se quedó, esperando que el anuncio fuera un gag o algo. Pero pronto quedó claro que los músicos no iban a volver, entonces el público comenzó a retirarse. Pero nadie pidió la devolución del dinero. Tal vez por culpa, todos consideraron que, después de todo, valía la pena aportar para una buena causa.

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24 Oct 2011

El ocaso del Marroc

El bocadito Marroc disfrutaba de una longevidad inconspicua. Nadie le prestaba demasiada atención. No era objeto de promociones ni aparecía en publicidad. Se limitaba a estar disponible, sin ofrecer más que lo que podía dar. El público, enterado de sus virtudes, lo consumía en forma moderadamente masiva. De modo que seguía siendo producido.

Durante décadas, no había cambiado nada. Ni la forma, ni el tamaño, ni la composición, ni el envase. Era una de las pocas cosas permanentes de la vida. El bocadito era familiar para todos, fácilmente identificable por su envase plateado y rojo. Era también barato, muy portátil, apto para llevar en el bolsillo sin llamar la atención y sorprender a alguien (o a uno mismo) con su repentino descubrimiento.

Todo iba bien hasta que a los responsables de marketing de Fel-Fort se les ocurrió prestarle atención como producto. Notaron el nivel parejo de ventas, y la buena imagen que tenía entre los consumidores. Y pensaron que podían aumentarse los ingresos provenientes del Marroc. Fue el principio del fin.

Se lanzaron a un proyecto que en teoría era promisorio. El primer fruto fue la aparición de un Marroc light, que se suponía que iba a ampliar el rango de consumidores del bocadito. Y, aunque fue razonablemente bien recibido por el mercado, no fue así. No se incorporaron consumidores nuevos, sino que algunos que comían Marroc se volcaron a la nueva versión de bajas calorías.

Los ejecutivos se dijeron que no era un mal comienzo. No es frecuente que se lance un producto nuevo sin campaña publicitaria y tenga la aceptación del Marroc Light. Así que los primeros resultados les dieron ánimo para encarar la segunda etapa del proyecto.

Consistía en hacer una gran campaña publicitaria. Si sin publicidad el Marroc era un producto muy masivo, era lógico pensar que una invasión de los medios por parte del bocadito iba a resultar en la multiplicación de sus ventas. Todo cerraba en teoría, pero un elemento que no tuvieron en cuenta fue el que terminó arruinando todo.

El error fue poner expectativas sobre un producto ya masivo. Se lanzó una enorme campaña de publicidad en toda clase de medios. Aparecieron carteles exaltando las virtudes del Marroc. Su nombre decoró la camiseta de Estudiantes de La Plata. Los conductores de los programas más populares de televisión comían el bocadito en cámara y comentaban entre sí el sabor placentero y tradicional que todos conocían.

Tras semejante despliegue, se previó un gran aumento de la demanda de Marroc, y se aumentó considerablemente la producción de bocaditos para poder satisfacerla. Pero el público no respondió como se esperaba. Sí, las ventas aumentaron un poco, porque el Marroc estuvo más en la conciencia de los consumidores, pero no lo suficiente como para justificar (o costear) la campaña publicitaria. Para peor, la producción de más obligó a bajar drásticamente el precio del bocadito para poder venderlos todos, y a detener la fabricación de nuevos hasta que se acabaran.

Luego del fracaso de la campaña, se decidió volver a la estrategia anterior. Pero algo se había roto. El público se acostumbró al nuevo precio de los Marroc, sin embargo, cuando volvió a ser producido el precio retornó a su valor anterior. Esto fue visto entre los consumidores como un aumento injustificado, de modo que le dieron la espalda, y comenzaron a comprar otros bocaditos, como el Cabsha, que se mantenían en el mismo precio de siempre.

Rechazado por el público, después de un tiempo la producción de Marroc fue discontinuada, como consecuencia del error de la empresa de no dejar en paz a su mejor producto.

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21 Oct 2011

La vista desde el cometa

El cometa se acercaba al perihelio. Los habitantes estaban expectantes. Se consideraban una generación privilegiada, al poder conocer la luz y el calor del Sol. La órbita muy elíptica del cometa los mantenía durante grandes lapsos en los confines del Sistema Solar. Desde el último perihelio, la ciencia se había desarrollado mucho, y los habitantes estaban en condiciones de entender de qué se trataba. Había registros de la vez anterior, pero eran tan lejanos en el tiempo que era difícil distinguir el mito de la realidad.

De modo que la ciencia reportaba novedades todo el tiempo. A medida que el cometa se acercaba al Sol, se producían novedades. La capacidad de observación iba cambiando. Algunas cosas que en el lado oscuro se podían ver bien se perdían en la luminosidad reinante, pero otros objetos eran mucho más visibles, porque eran iluminados por el Sol y también porque estaban más cerca.

Así fue como los astrónomos del cometa pudieron ver que había un objeto que llevaba una trayectoria tal que iba a chocar contra ellos. Subsiguientes observaciones no dejaron dudas: ambos cuerpos chocarían a menos que se hiciera algo. Y para peor, cuando pudieron medirlo, comprobaron que el objeto que los iba a impactar era enorme, mucho más grande que el cometa y capaz de pulverizarlo en el choque. Era tan grande que tenía otro objeto subordinado, bastante más chico pero, comparado con el cometa, también muy grande y con potencial devastador.

Las autoridades del cometa se reunieron en forma urgente para ver qué podían hacer. Era preciso desviar la trayectoria o evacuar, dejar para siempre el cometa donde siempre habían vivido. Se llegó a la conclusión de que iba a ser necesario el abandono, porque no existía la tecnología necesaria para desviar el cometa. Otra opción que se contempló fue destruir de alguna forma al objeto que iba a impactar, pero se determinó que era aún menos factible con la tecnología existente.

Se hicieron planes, entonces, para evacuar. Se inició la construcción rápida de varias naves que iban a llevar a todos los individuos que entraran. No era posible sacar a todos, por lo tanto era necesario encontrar un método para elegir a quiénes iban a tener el privilegio de sobrevivir y ser testigos de la destrucción de su cometa.

Mientras se daba un gran debate público, en el que cada uno intentaba imponer un criterio en el que se salvara, los astrónomos dieron la voz de alarma. Otro objeto se acercaba al cometa, esta vez a mucha mayor velocidad.

Se trataba de un objeto alargado y puntiagudo, cuya trayectoria aparentaba venir del cuerpo que iba a impactar al cometa. La velocidad era tal que no iba a haber tiempo para evacuar. En cuestión de minutos impactaría. Los astrónomos no estaban en condiciones de predecir las consecuencias de ese impacto, por lo que los preparativos para la evacuación continuaron durante el poco tiempo restante. Sólo se vieron interrumpidos por una luz intensísima, el único síntoma que pudieron llegar a percibir de la destrucción del cometa.

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Calva esperanza

Una multitudinaria marcha se desarrollaba en una plaza de la ciudad. Los manifestantes estaban convocados bajo el lema “un compromiso por la paz”. Para motivar a los responsables de los diferentes conflictos a resolverlos, querían mostrar que el reclamo no se quedaba ahí, que no era una marcha más, sino que todos los presentes estaban dispuestos a hacer un aporte tangible a la causa, a sacrificar algo para obtener paz en el mundo.

Una vez congregada la gente, que no sabía de la naturaleza del compromiso que se les iba a pedir, el más carismático de los líderes formuló una arenga. Habló de la importancia de la paz, de que era una oportunidad para marcar la diferencia, de que todos tenían que dejar algo. El público aplaudía cada argumento. Cuando el líder percibió que la multitud estaba dispuesta a aceptar, se animó a pedir: que todos se afeitaran la cabeza en ese momento.

Una ola de duda recorrió al contingente. Algunos atinaron a irse, pero fueron interceptados por los más entusiastas. La duda fue suplantada en forma progresiva por la convicción de los más rápidos, que animaba a los que no estaban seguros a mostrar que tenían un compromiso real.

La organización sacó a relucir miles de afeitadoras, que fueron repartidas entre el público. Las personas se afeitaban entre sí con armonía, y cooperaban para conseguir más rápido el objetivo de lograr una muchedumbre completamente calva. En pocos minutos se consiguió. Miles de cabezas alternaban sus miradas entre el escenario y el resto del público. En el suelo de la plaza se formó una montaña de pelo, que la hacía parecer una gran peluquería. El cabello era recogido por la organización para ser vendido a las compañías de pelucas con el objetivo de recaudar fondos para futuras campañas.

El sol brillaba sobre las cabezas calvas. Se produjo un resplandor que el líder de la marcha comparó con la luz que debía iluminar al mundo. Ese resplandor llamó la atención de los oficinistas que estaban trabajando en los edificios vecinos. Unos cuantos corrieron hacia las ventanas para ver qué estaba produciendo semejante luminosidad. Y antes de que se dieran cuenta, la luz reflejada en las miles de calvas fue dejándolos ciegos, uno por uno.

Y aunque se molestaron muchísimo y les provocó numerosos inconvenientes, la ceguera no era en vano. Era un sacrificio que estaban haciendo, sin saberlo, por la paz.

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15 Oct 2011

Universos unidos

Dos universos paralelos corrían cada uno por su lado, ignorando la existencia del otro. Ambos eran autosuficientes, no tenían necesidad de relacionarse con otro universo para nada. Era lo mismo que el otro no existiera. Sin embargo, era una realidad innegable que existía.

De pronto, un universo perpendicular atravesó a ambos. De repente, estaban comunicados, formando una H. El hecho cambió las cosas. Los universos empezaron a perder materia, no sólo por la violencia del impacto sino porque el universo perpendicular la chupaba. Mientras más materia absorbía, resultaba más grande y poderoso.

Los dos universos se movían para intentar zafarse de la influencia perpendicular. Pero cada uno se movía por su lado, y el perpendicular usaba la fuerza de uno para zafar de los embates del otro. Así lograba mantenerse en posición para seguir creciendo. Si conseguía mantenerse durante unos pocos miles de millones de años, podría absorber el contenido de ambos y convertirse en el único universo del vecindario.

Pero los dos universos paralelos no iban a rendirse sin dar batalla. Continuaban los fútiles movimientos de liberación, con la esperanza de que en algún momento dieran resultado.

Uno de esos movimientos pareció avanzar en el sentido correcto. El universo perpendicular se zafó un poco de la posición de los dos. Rápidamente se cayó en la cuenta de que ambos universos habían hecho en forma independiente movimientos complementarios. Y ahí se tomó conciencia del poder de la unión.

Los universos entraron en comunicación y resolvieron coordinar los movimientos. Ya no estaban solos. Representantes de ambos trazaron un plan de acción para liberarse. Al ejecutarse, el universo perpendicular no tuvo chances, y fue expulsado sin concesiones.

Los dos universos paralelos pudieron continuar su existencia paralela. Pero ahora habían aprendido el valor de unirse. Así que no se separaron del todo, sino que cada uno dejó una representación en el otro. Los caminos separados de ambos universos ahora tienden a unirse. Falta mucho para que se produzca la unión definitiva, pero ya no son paralelos. Forman una larguísima V, cuyo vértice está hacia adelante, en el futuro, cuando ambos universos pasen a ser uno solo.

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Vía de escape

El tren recorría siempre la misma vía. Cuando llegaba a un extremo, volvía hacia el otro. Siempre hacía las mismas paradas, los mismos horarios, la misma rutina. Estaba cansado de su existencia monótona.

Comprendía que no iba a poder cambiar nada mientras se mantuviera atrapado en la vía. Sus ruedas estaban enganchadas a ella, y no tenía forma de doblar para escaparse. La vía era lo que le permitía andar, pero también lo que lo condenaba al aburrimiento.

Varias veces descarriló intencionalmente, pero lograba escaparse porque siempre una de las ruedas quedaba atrapada entre las dos vías. Por lo menos, descarrilar causaba un gran atraso en la línea, mientras duraban los trabajos de rectificación, y eso alteraba un poco la rutina.

Pero el tren seguía atrapado. Mostraba su frustración de diferentes maneras. Cerraba arbitrariamente las puertas mientras subían o bajaban pasajeros, activaba el freno de emergencia, desenganchaba vagones. Pero no eran más que distracciones menores, mientras buscaba la forma de escaparse de la vía.

Hasta que un día vio pasar un avión, y se dio cuenta de que ésa era la respuesta: volar. Entonces urdió un plan. Esperó a la madrugada. Cuando fue guardado en la estación terminal y se apagaron las luces, encendió el motor. Cerró las puertas, cuidando que no hubiera nadie, y se lanzó a toda velocidad por la vía. Quería alcanzar la velocidad necesaria para levantar vuelo. Cuando lo consiguiera, no esperaba llegar tan lejos como un avión, pero sería suficiente para conocer un lugar nuevo, sin vías.

El tren llegó a velocidades que habitualmente no lograba, debido a que siempre llevaba carga y paraba en estaciones. En un momento, las ruedas delanteras se levantaron, como si estuviera haciendo wheelie. Siguió esforzándose para aumentar la velocidad, y consiguió que todas las ruedas se separaran de las vías.

El tren ya estaba saboreando el éxito cuando se encontró con la resistencia de la catenaria, que no lo dejó pasar, y con un gran show de chispas detuvo el vuelo y lo devolvió al piso.

El tren quedó acostado sobre la vía, moviendo las ruedas como una tortuga dada vuelta. Cuando los técnicos de la línea reconstruyeron lo que había pasado, decidieron eliminar la posibilidad de que volviera a suceder, y lo derivaron a una línea de subterráneo.

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Mensaje de Dios

1. La secta

Todo había empezado con un grupo de estudiantes religiosos del MIT. Gente de alta formación técnica y mente estructurada, contrariamente a la costumbre de la zona creían en Dios. Pero no eran seguidores de una iglesia en particular, sino que realizaban su exploración espiritual en forma privada.

Era un grupo pequeño, de gente que se había enterado de casualidad de que había otros con un interés similar al suyo. Comenzaron a reunirse todas las semanas en los dorms del campus del MIT. En las reuniones discutían cuestiones teológicas, filosóficas y espirituales. Leían textos antiguos, analizaban historias de la Biblia e intercambiaban ideas en forma abierta y plural. Aceptaban a gente de cualquier religión, y aunque a veces se armaban discusiones acaloradas, en general se mantenía un ámbito respetuoso, en el que las preguntas eran más importantes que las respuestas.

Con el tiempo, se formaron liderazgos en el grupo. Distintas corrientes se disputaban la misión de conducir el proyecto, y se terminó instituyendo una estudiante del último año de la carrera de ingeniería del software, Abigail Adams.

Durante su mandato, Abigail se dedicó a hacer crecer el grupo y generar nuevos proyectos. Su mandato fue exitoso, la membresía superó las cien personas, que acudían a reuniones de diversas disciplinas. Los domingos se hacía un almuerzo multitudinario en los jardines del campus, en el que los subgrupos se encontraban a intercambiar ideas y experiencias.

Los miembros más nuevos del grupo, que eran mayoría, se vieron impresionados por Abigail, que supo ganárselos en base a conocimientos, personalidad y ambición de poder. No tuvo dificultades para instituirse en “jefa suprema” del grupo. Pocos discutían sus decisiones, y los que lo hacían se veían excluidos. Se estableció un principio tácito de lealtad a Abigail, el que no lo cumplía se quedaba afuera. Pero, de todos modos, eran muchos más los que se incorporaban que los que se iban.

Un domingo, en el almuerzo semanal, Abigail anunció un ambicioso proyecto.

2. La idea

Los conocimientos de Abigail en el campo del software la hacían reflexionar sobre Dios. Pensaba que, así como ella podía programar una computadora, Dios había programado desde hacía tiempo el Universo. Y que los problemas actuales se debían a bugs en la programación, y a unos pocos aspectos que no había podido resolver con eficiencia. Dios tenía la respuesta, sabía cómo corregir la programación, pero para implementar los cambios era necesario reiniciar el Universo, entonces todo se mantenía imperfecto. De todos modos, la programación vigente era excepcionalmente eficaz, no en vano la había confeccionado Dios.

Esta percepción de Abigail fue muy aceptada en la comunidad. Se armaban debates tecnoteológicos al respecto. Abigail admitía no tener todas las respuestas, sino que simplemente ofrecía una visión del Universo. Todavía había mucho por descubrir, y lo bueno era que cualquiera podía hacerlo.

Según la doctrina de Abigail, la ciencia no era más que una ingeniería inversa para descubrir el código fuente de la programación primordial. Pero, además, Dios estaba en los detalles. La frase “Dios no juega a los dados con el Universo” se volvió muy popular en la secta. Por más que la programación no fuera la ideal, en sus recovecos podía verse la obra de Dios.

Pronto, un subgrupo llegó a la conclusión de que no existía el azar. Las rutinas de generación de números aleatorios estaban gobernadas por Dios, que se mostraba en cada resultado. Así lo determinaba la programación inicial, que algunos llamaban “la voluntad divina”.

Rápidamente se dieron cuenta de que esa idea era el germen de una comunicación fluida con Dios. Si se confeccionaba un programa que generara caracteres al azar, Dios hablaría a través de ellos y les daría un mensaje que iluminaría las vidas de todos.

Abigail se entusiasmó con el proyecto, y lo anunció en la reunión dominical. El plan era tener el software listo, y luego alquilar una de las supercomputadoras del MIT para ejecutarlo. Era necesario un equipo así, porque la mente de Dios tiene una complejidad inimaginable, y no era cuestión de abaratar su mensaje con una máquina comprada en el supermercado.

Luego de algunos meses de desarrollo y pruebas, el software estuvo listo. Se decidió, entre otras cosas, usar sólo minúsculas y números, ningún signo de puntuación. El alfabeto a utilizarse era el latino, a través de los códigos ASCII correspondientes. El programa sacaría un número al azar, y mediante una compleja serie de operaciones también azarosas devolvería un carácter.

Un domingo a la tarde, el MIT prestó una supercomputadora para el proyecto. Todos estaban expectantes para ver cuál sería el mensaje de Dios.

3. El mensaje

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4. La interpretación

La revelación del Mensaje dejó pasmados a los presentes. Dios les estaba hablando, no podían creerlo. Tampoco podían descifrar lo que Dios les quería decir. El rápido consenso fue que, como humanos, no estaban a la altura de leer directamente a Dios. Dios sabía lo que hacía, no iba a dar un mensaje así nomás, sin que requiriera algún esfuerzo para interpretarlo. Posiblemente estuviera revelando verdades que no fueran digeribles para el público no entrenado, entonces las hacía difíciles de ver.

Se recurrió a diversos métodos para intentar entender el Mensaje. Un equipo de lingüistas y matemáticos de la Universidad trabajó durante casi un año para intentar echar algo de luz. Se aplicaron todos los métodos conocidos de la criptografía, ninguno daba resultado. Se reemplazaron las letras por otras según diversos criterios, se invirtió el mensaje, se intentó encontrar palabras escondidas que tuvieran sentido en algún idioma. Pero nada daba resultado.
La experiencia, de todas maneras, fue enriquecedora. Se desarrollaron nuevas técnicas de criptografía, que resultaron válidas pero igual no dieron resultados.

El público se impacientó. Los integrantes de la secta perdieron bastante fe en el proyecto y también, indirectamente, en Abigail. Algunos empezaron a pensar que la secuencia de caracteres al azar no era más que eso, letras sobre una pantalla.

Se formaron dos bandos, entre los que pensaban que el Mensaje debía ser descifrado tarde o temprano, aunque tomara toda la eternidad, y los que creían que Dios, existente o no, no se había revelado en esa secuencia de letras y números. Se gestó una rivalidad importante entre ambos bandos, que cada tanto se volvía violenta.

En una de las reyertas intervinieron las autoridades. Abigail fue presa y la secta se disolvió, excepto por algunos grupos que continuaron reuniéndose en la clandestinidad. El Mensaje fue prácticamente olvidado. El disco que lo contenía fue confiscado por la policía. Hoy nadie lo recuerda. Sólo los empleados de un remoto sótano de la CIA, donde Abigail, confinada por precaución, continúa liderando el esfuerzo por entender lo que no se puede descartar que sea un mensaje de altísima importancia para la seguridad nacional.

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Van a cruzar

Quiero ser una buena persona. Mejor dicho, soy una buena persona. Por eso cada vez que veo una vieja la hago cruzar la calle. Me parece que toda buena persona debe ayudar a los demás. Y como yo lo soy, no tengo problema en hacerlo. Si estoy cerca, las viejas van a cruzar.

Muchas veces las viejas se quejan. Es que son unas ingratas de mierda. Me dicen que no quieren que las ayude, que pueden cruzar solas. Pero son viejas, no puedo verlas cruzar solas sin que mi alma se conmueva. Necesitan ayuda, y necesito ayudarlas. ¿Y si alguien las atropella? ¿Cómo me voy a sentir? ¿Y cómo se van a sentir ellas, si sobreviven?

Por eso todos los días salgo a las calles con el único objetivo de hacer cruzar a las viejas. Debo decir que entiendo por qué no hay muchos que hagan lo mismo que yo. Las viejas son insufribles. Se piensan que ser viejas les da derecho a descalificar a todos. No paran de quejarse, y cuando me voy ni siquiera me dan las gracias. No las ayudo para que me den las gracias, pero por lo menos pueden tener un poquito de humildad, viejas chotas.

Pero no. En lugar de tener gratitud, se quejan las viejas de mierda. Me dicen de todo, que soy un insolente, que quieren cruzar solas, que qué me creo, que no querían cruzar, que las deje en paz. Algunas se ponen a gritar como unas desaforadas y hacen que los demás me miren mal. Varias veces he tenido que salir corriendo para que la gente no me pegara en solidaridad con una vieja desubicada.

Pero igual no me desanimo. Por más que no lo aprecien, por más que no quieran, las voy a seguir cruzando. Y si no les gusta, se pueden ir bien a la mierda.

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25 Aug 2011
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