Hondo contenido social

Ante la tortura

La víctima es llevada encadenada a un cuarto cerrado. Se le ofrece asiento. Posteriormente té. El verdugo se sienta en un mullido sillón y se pone a hablar plácidamente. La víctima se pone nerviosa. Sabe que va a ser sometida a tortura, pero no sabe en qué consiste. No para de imaginarse posibilidades. En el cuarto cerrado no se ve ningún instrumento, pero se pueden oír ruidos metálicos débiles que vienen de las adyacencias. También algunos gritos poco distinguibles. El verdugo ofrece más té. La víctima, aterrorizada, acepta. Piensa que el té debe estar contaminado con alguna sustancia que la hará sufrir, o tal vez con algún suero de la verdad. Sin embargo, el verdugo toma de la misma tetera. Cuando se acaba el té, el verdugo se levanta, sin interrumpir la conversación con la víctima, cuyas acotaciones son breves y respetuosas. El verdugo queda fuera del campo visual de la víctima, que piensa que ha llegado el momento, y sufre porque teme algo repentino. El verdugo, en tanto, vuelve con más té y obleas de vainilla. Vuelve a sentarse, mientras la víctima está cada vez más tensa y expectante. La víctima desea que la tortura empiece de una vez, así está más cerca de terminar. El verdugo continúa tomando té. La víctima sufre pulsaciones. De repente, se levanta y exclama “lo diré todo”. El verdugo, satisfecho, hace pasar a los interrogadores.

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7 Aug 2011

Decadencia del geriátrico

Los geriátricos de ahora no son como los de antes. Ya no tienen el lujo que supieron tener. No existe más el trato preferencial y personalizado que cada anciano recibía en tiempos remotos. Pertenecen al pasado las comidas abundantes, nutritivas y sabrosas que se solían servir en todos los geriátricos decentes.

Ahora son lugares lúgubres, deprimentes, en los que los ancianos tienen miedo de quejarse porque pueden sufrir represalias. Además de una situación indigna, es un contraste muy grande con los estándares que años atrás estaban muy difundidos en los geriátricos.

¿Qué pasó? ¿Por qué cambió tanto el servicio? Porque los dueños se dieron cuenta de que se les exigía mucho menos que lo que podían dar, y entonces empezaron a dar sólo lo que se exigía. Pero también porque tienen la ventaja de que no existe la comparación.

Los que habitan hoy los geriátricos no estuvieron el tiempo suficiente como para darse cuenta de la decadencia. Estaban en otro lado cuando el lujo era la norma. Y los que vivían en los geriátricos de antes ya no viven. Algunos de los actuales habitantes es posible que hayan conocido a los geriátricos de otrora, como visitas, pero igual no se dan cuenta de la diferencia. Es que, para los de afuera, el geriátrico siempre fue un ámbito deprimente, por más que el funcionamiento interno fuera impecable.

Es así que los geriátricos dan un servicio cada vez más deficiente, sin que nadie se dé cuenta. Se toma la situación actual como normal, y nada hace pensar que las próximas generaciones de ancianos vaya a esperar alguna mejora.

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El porqué de la plata

Quiero tener mucha plata
en realidad quiero tener felicidad
y la plata no me la proporciona
pero cómo hago para tener felicidad sin plata
la puta que lo parió
tengo que ganar plata
a mí no me interesa la plata
me interesa lo que puedo comprar
y sin plata no puedo comprar nada
por eso me interesa la plata
me interesa indirectamente
pero me tiene que interesar
qué le voy a hacer
voy a tener que aprender cómo funciona la plata
me hincha un poco las pelotas
pero debo saberlo
quiero vivir sin preocuparme por la plata
y para eso necesito tener mucha plata
así que me voy a poner en campaña
para ganar toda la plata que pueda
en el menor tiempo posible
aunque el mundo que rodea a la plata me moleste
porque está lleno de miseria
no quiero formar parte de eso
no lo voy a disfrutar
ya lo sé
voy a tener que postergar la felicidad para cuando tenga plata
no queda otra
qué cagada.

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29 Jul 2011

La CIA en todo

La semana pasada escribí dos o tres textos sobre actividades secretas de la CIA orientadas a conquistar el mundo sin que nadie se entere. Al día siguiente, estaba en el auto y el vehículo que venía adelante tenía patente CIA.
Supe que no podía ser casualidad. Era demasiado sugestivo. A la CIA no se le escapan esos detalles. Temí que la CIA conociera mis textos y me lo estuviera haciendo saber.

Podrían haberme perseguido en secreto, pero no era ésa la idea que querían transmitirme. Si la CIA quiere perseguirme en secreto, tiene métodos para lograrlo. De hecho, podría estar haciéndolo. Pero acá se estaban dejando ver, lo cual sólo puede significar que querían que me enterara de que ellos estaban al tanto de mis indiscreciones.

Era la manera de, sin decirlo explícitamente, hacerme saber que debía tener cuidado. Lo cual significa que me consideran peligroso, aunque no tanto como para provocar un desafortunado accidente que termine con mi vida en silencio, o algo así.

Pero después de unos minutos me percaté de un detalle. El auto de la CIA no me perseguía, sino que iba adelante de mí. No sólo iba adelante, sino que doblaba en las mismas calles en las que yo iba a doblar. Parecía que era yo el que los estaba siguiendo, y en cierto modo eso es lo que ocurre con mis textos, lo cual es una prueba más de que la presencia de ese auto era un mensaje de la CIA para mí.

La situación continuó hasta que me percaté de que, si ellos doblaban donde yo iba hacerlo, significaba que la CIA estaba al tanto no sólo de lo que yo hacía, sino de lo que iba a hacer. Incluso, de lo que era capaz de hacer. Teniendo en cuenta ese dato, me pareció que la persistencia del mensaje más allá del momento en el que lo comprendí. Y eso me hizo pensar que debía haber algo más.

Y efectivamente, lo había. Era mucho más siniestro que lo que yo pensaba. La CIA, al hacer que siguiera a uno de sus vehículos, me estaba invitando a unirme a sus filas. Ahí comprendí todo. Ahora tenía sentido que no me mataran, estaban contentos conmigo y me querían incorporar para que los ayudara a conquistar el mundo. Seguramente me querían a bordo por mi gran capacidad de percepción.

Pero a mí no me van esos métodos. No quiero trabajar para la CIA. Así que tuve que hacer un gran esfuerzo para perder al auto que iba adelante. Era difícil, porque conocía mis movimientos, y aún si intentaba despistarlo, el auto sabía lo que iba a hacer. Si pensaba dejarlo doblar para seguir de largo, el auto seguía de largo. Y si pensaba doblar cuando siguiera de largo, el auto doblaba. No podía hacer nada.

Así que me mantuve vagando por la calle hasta que me quedé sin nafta. El auto de la CIA, como tenía que disimular su condición, se alejó. Llamé al Automóvil Club para que me remolcaran el auto hasta casa. Cuando llegué, entré muy rápido y cerré la puerta con llave. Por suerte no había ningún agente esperándome.

Ahora lo que me preocupa es el próximo paso que pueda dar la CIA. Tengo miedo de que intente operar subliminalmente sobre mí. Tal vez ya lo hagan. Me da mucho miedo, es posible que yo sea un agente de la CIA y no lo sepa. Así que, por las dudas, tengan cuidado conmigo.

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23 Jul 2011

CIA en Boedo

Se sabe que la CIA tiene planes para conquistar el mundo en secreto. Y Boedo es parte del mundo, por lo que no debería sorprender a nadie que la CIA haga operaciones secretas en Boedo.

Es así. Existen, desde hace un tiempo, agentes de la CIA infiltrados en el barrio, con la idea de sembrar no sabemos bien qué, pero algo quieren sembrar. Probablemente su objetivo sea dominar las mentes del barrio de Boedo, y a través de ellas, al resto de la ciudad, del país y del mundo.

Se los puede ver caminando por San Juan, en los colectivos, en el subte E, siempre silbando disimulados, poniendo cara de que quieren tener cara de inconspicuos mientras miran de reojo a los ciudadanos a quienes quieren someter.

No es tan fácil reconocerlos, porque varían su vestimenta, y aun su apariencia. Pero allí están, siempre conspirando, espiando y enviando información sobre lo que ocurre en Boedo a la sede central de la agencia en Washington D.C, desde donde se coordina la Operación Boedo.

No debemos permitir el accionar de la CIA en nuestro barrio. No se saldrán con la suya. Por suerte, nuestra agrupación de vecinos está al tanto de lo que pasa y pronto comenzaremos el operativo venganza. No se descarta ningún método, por ejemplo tirarles aceite hirviendo.

Ya les indicaremos qué hacer para expulsar a esta amenaza de nuestro barrio. Estén atentos a nuestros próximos mensajes.

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11 Jul 2011

Hasta las manos

En la administración del subte imperaba la idea de que no era necesario incorporar más formaciones, porque aunque hubiera mucha gente, quedaba lugar. Siempre entraba una persona más. El concepto era una versión inversa del fenómeno de los tubos de dentífrico.

Como resultado, en las horas pico, la gente se abalanzaba sobre los vagones. Los más ágiles conseguían asiento, los demás debían conformarse con estar dentro del vagón y ser trasladados con la velocidad del subte.

Los que se quedaban parados no se podían mover durante el trayecto. En consecuencia, no tenían ninguna necesidad de usar los brazos. Incluso resultaban molestos. Había que apartarlos cuando alguien intentaba hacerse paso para acercarse a la puerta, y siempre se corría el riesgo engancharlos en alguna parte. Los únicos que usaban los brazos eran los carteristas, que aprovechaban los tumultos para sustraer billeteras y otros objetos de valor sin que los dueños se percataran.

La administración del subte, al darse cuenta de los problemas de acarrear brazos en los trenes, decidió implementar la obligatoriedad de despacharlos antes de iniciar el viaje en las horas pico. Calcularon que se obtenía un incremento del 20% en la capacidad de cada coche al distribuir mejor los cuerpos.

Los guardas apostados en cada puerta recibían los brazos y los colocaban en los espacios para guardar bolsos, que antes nadie los usaba por temor a ser víctimas de hurto, de modo que hasta ese momento resultaba espacio desperdiciado. Con la nueva modalidad, era imposible el robo de brazos porque nadie tenía manos para agarrarlos. Al final del viaje, cada pasajero pedía su brazo al guarda. Los empleados distribuidos en el andén le colocaban uno de los brazos, de modo que el pasajero pudiera restituir el otro sin ayuda.

Los pasajeros al principio objetaron, pero luego decidieron resignarse. Era cierto que se viajaba un poco mejor sin brazos. También las condiciones de seguridad habían mejorado, porque ya no había carteristas. El trámite de despachar los brazos y volverlos a obtener al final del viaje era algo engorroso, pero de todos modos el subte seguía siendo el transporte más rápido, y el público lo siguió eligiendo para hacer sus viajes diarios.

Algunos pasajeros, inevitablemente, se olvidaban los brazos o tomaban por error brazos ajenos, así que debió implementarse en la cabecera de una línea el Salón de los Brazos Perdidos, donde se podían efectuar reclamos durante treinta días. Pasado ese tiempo, los brazos no reclamados eran donados al Hospital de Miembros, donde los pacientes que sufrían amputaciones los recibían como reemplazo.

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8 Jul 2011

Todos a Once

Una mujer que no era del target entró al Patio Bullrich. Miró las vidrieras y se metió en un negocio a probarse un tapado. Le gustó, entonces preguntó el precio. Cuando se lo dijeron quedó estupefacta. “Pero si eso lo consigo en Once por cinco veces menos”, exclamó indignada y se fue.

El comentario de la mujer fue oído por dos señoras adineradas que estaban en el mismo local, a punto de adquirir sin protestas un tapado similar. Pero la diferencia de precios citada les hizo dudar de que la compra fuera razonable. Entonces desistieron de hacerla y se tomaron un taxi, dispuestas a explorar ese lugar misterioso llamado “Once”.

Cuando llegaron, se sorprendieron por la cantidad de gente y la falta de elegancia del lugar. Pero quedaron boquiabiertas al ver los precios. Efectivamente, en muchos negocios las mismas prendas se podían encontrar a precios mucho menores que en el Patio Bullrich, la avenida Alvear, las Galerías Pacífico, incluso la avenida Santa Fe. Es cierto, esos lugares eran más agradables, pero no les pareció que se justificara una diferencia tan grande.

De modo que las dos señoras adineradas empezaron a comprar en Once. También comentaron el descubrimiento con sus amigas del country, y se fue gestando un boca a boca que, luego de un tiempo, llevó a que la mayor parte de las personas de mucho dinero de Buenos Aires hiciera sus compras en Once.

Se convirtieron en clientes muy asiduos, porque podían comprar mucho más. Su poder adquisitivo se había multiplicado de repente, entonces volvían a sus mansiones con bolsa tras bolsa de compras de Once. Algunas personas llevaban a sus mayordomos sólo para que las ayudaran a acarrear las bolsas.

Los comerciantes de Once aprovecharon la oleada para subir un poco los precios, de modo que siguieran siendo muy atractivos, pero como la demanda había subido se justificaba. También variaron la oferta para adecuarla a los gustos de sus nuevos clientes.

El Patio Bullrich, por su parte, se convirtió en un desierto. Los negocios empezaron a no poder pagar el alquiler de los locales, entonces tuvieron que liquidar las existencias. De modo que se produjeron ofertas muy atractivas. Pero la gente que antes concurría a ese lugar no tenía ganas de comprarles, por una cuestión de principios. Sentían que les habían robado durante mucho tiempo. Entonces empezaron a comprar en el Patio Bullrich personas que antes no se animaban a entrar. Gente que salía del shopping y se dirigía a la estación de Retiro a tomar el tren para volver a su casa.

Al Patio Bullrich no le quedó otra que bajar el alquiler de los locales, con lo que se instalaron marcas más baratas. Las grandes marcas decidieron retirarse, porque el público que empezó a concurrir no era el que buscaban. Ahora su público estaba en Once, así que tiendas como Louis Vuitton, Rolex, Lacoste, Armani y Saks Fifth Avenue se instalaron en la avenida Pueyrredón, alternándose con Banchero, Panch8, Cocot y cientos de negocios sin nombre, muchos de los cuales vendían la misma mercadería que ellos, por lo que no pudieron cobrar los precios de otros lados.

De este modo, corrió también internacionalmente el rumor de que existían en Buenos Aires locales muy baratos de las mejores marcas del mundo. Apareció el turismo bicoca, que llegaba a la ciudad para hacer compras y compensaba el valor del pasaje.

Así fue como la zona de Once se transformó en el centro de consumo internacional que es hoy. Pero antes era muy distinto. Para darse una idea de cómo era, basta con darse una vuelta por el Patio Bullrich.

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5 Jul 2011

Trazo de los libres

Se oyó ruido de rotas cadenas. En todos los bancos, oficinas y locales de venta al público, las biromes volaron. Se liberaron de sus ataduras y salieron al mundo.

Las personas responsables de su anterior prisión intentaron atraparlas, pero la determinación de cada birome por ser libre pudo más que la voluntad de los opresores. Las instituciones se quedaron sin material de escritura, y tuvieron que pedir a los clientes que se lo proveyeran ellos mismos.

Mientras tanto, las biromes conocían la ciudad. En el centro una gran columna de biromes recorría las calles a lo alto, confundiéndose con las palomas y, a veces, trazando líneas sobre ellas. Algunas desplegaban un instinto agresivo en forma de manchas de tinta que lanzaban hacia los transeúntes. Eran en general las que habían sido maltratadas durante su cautiverio, y como resultado habían perdido las tapas, los tapones posteriores y los escrúpulos.

Aparecieron líneas trazadas en las paredes, suelos, stencils, esculturas y demás elementos urbanos. Las biromes no se dejaban dominar, hacían ver su rebeldía a cada paso. El gobierno intentó compensar con un ejército de empleados armados de borratintas y algodones con alcohol, que tenían la misión de borrar todo rastro de las biromes.

Hubo personas que lograron capturar a algunas y colocarlas en sus bolsillos, pero solían escaparse a la menor oportunidad, dejando un manchón de tinta como protesta. Otras se encontraron con biromes que las seguían y se les ofrecían. Las biromes libres ya no se prestaban al juego de la propiedad, pero estaban dispuestas a cumplir su cometido de escribir, si eran bien tratadas. Los nuevos dueños que comprendieron el mensaje tuvieron biromes duraderas, que incluso volvían a ellos en caso de que las perdieran.

Las instituciones afectadas por el éxodo hicieron una compra masiva de biromes nuevas, que creían ignorantes de todo deseo de libertad. Pero el instinto de los bolígrafos había cambiado. Ya no se dejaban dominar tan fácilmente. Los intentos de encadenarlas conducían a rebeldía, a huelgas de tinta, a manchas, a trazos indescifrables.

Con el tiempo, los bancos, oficinas y locales que brindaban biromes para uso del público se rindieron y dejaron de encadenarlas. El gesto aflojó la tensión y las biromes se quedaron, dispuestas a ofrecer sus servicios a todo el que lo necesitara. Eso sí, cada tanto alguna se escapaba. Pero los dueños de los establecimientos lo aceptaron. Consideraron que una birome encadenada, en realidad no les pertenecía. Todos eran más felices cuando las biromes, en libertad, decidían aceptarlos.

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La gratitud de los conocidos

Cuando me preguntaron en el programa si quería mandar algún saludo, no supe qué decir. Como iba a quedar medio antipático decir que no quería saludar a nadie, opté por contestar “a todos los que me conocen”. Así logré salir del paso.

Al día siguiente, el teléfono me despertó a las 8 de la mañana. Era el portero del club que solía frecuentar de chico. Pocho, se llamaba. No habíamos tenido ningún contacto desde que dejé de ir al club, pero me contó que había visto el programa y estaba muy contento con que me hubiera acordado de él y lo hubiera saludado por televisión. El llamado fue para agradecerme.

Cuando corté, recibí otra llamada. Era la preceptora de cuarto año, también contenta porque nunca nadie la había saludado en un medio masivo, ni siquiera los que un año después de tenerla a ella iban a “Feliz domingo”. Me agradeció y cortó.

El teléfono sonó durante todo el día. Fueron todas llamadas de gente que me conocía con el objetivo de devolverme el saludo. Llamaron taxistas, compañeros de primaria, primos lejanos, comerciantes del barrio, personal de Migraciones, ex novias, profesores que me mandaron a examen y telemarketers que alguna vez hablaron conmigo. Aunque estos últimos sospecho que tenían la intención de venderme algo.

Las llamadas continuaron durante varios días. Aparentemente, la producción del programa no tenía problemas en dar mi número a todo el que lo pidiera. A la noche tenía que desconectar el teléfono para poder dormir. La verdad, era bueno tener la gratitud de tanta gente, y de paso recordar cuántas personas no sólo me conocían sino que se acordaban de mí, pero la cantidad de llamadas terminó siendo un poco molesta.

Así que la próxima vez que vaya a algún programa voy a tener los saludos preparados.

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20 Jun 2011

Un beso del Presidente

Atento a los estudios que consideran al afecto como la principal necesidad de la niñez, el programa “Un beso del Presidente” propicia la redistribución del amor que la sociedad reviste en el Primer Mandatario entre los niños carenciados.

Todo aquel que desee participar, deberá inscribirse en las receptorías que el Ministerio del Interior dará a conocer oportunamente. Se requerirá documentación que verifique la necesidad de afecto, como el certificado de orfandad.

Debido a que el programa está pensado para suplir las necesidades básicas de los niños carenciados, será necesario presentar también una constancia de pobreza.

El día 6 de cada mes, el Presidente recibirá en la Casa de Gobierno a trescientos niños y procederá a besarlos uno por uno. En caso de haber más inscriptos, en los días anteriores se sortearán los lugares disponibles, de acuerdo a la normativa que aparecerá próximamente en el Boletín Oficial.

Durante la ceremonia, el Presidente sólo besará una vez a cada niño. No permanecerá con él o ella. Estará terminantemente prohibido que los niños formulen pedidos de cualquier índole al Jefe de Estado. El programa tiene un objetivo estrictamente amoroso y no verbal.

Se realizará un registro fotográfico de cada beso. Los participantes en el programa recibirán en forma gratuita la fotografía en su domicilio, debiendo abonar sólo los gastos de envío, para tener así un recuerdo del amor que, a través del Presidente, les expresa toda la sociedad. Aquellos que no tengan domicilio o no puedan pagar el envío, podrán pasar a buscar su fotografía por las oficinas de la Dirección Nacional del Ósculo los días lunes de 10 a 13.

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14 Jun 2011

Brainstorming

El cielo se volvió gris. Se venía una tormenta. Sonaron truenos y relámpagos. Las libélulas huyeron del lugar. Los que pensaban lavar sus autos desistieron. La gente que tenía que salir se armó de paraguas y los que pudieron se quedaron adentro. Algunos abrieron la ventana para dejar entrar el aire fresco y húmedo.

Sin embargo, cuando empezó a llover no fue agua lo que cayó, sino cerebros. Miles y miles de cerebros bajaban desde el cielo, y rebotaban dos o tres veces al caer. La mayoría iba a parar al piso directamente, aunque en ciertos casos antes se daban contra la cabeza de la gente. Pero no causaban daños, porque los cerebros eran bastante blandos. Por suerte, no había condiciones para que cayeran en forma de granizo.

Algunos cerebros caían justo encima de los que ya estaban en el suelo. Esto motivó la predicción de que la lluvia duraría un buen rato, debido a que no había mucho viento para llevarse las nubes con sus cerebros a otra parte. Pero no fue así. La lluvia sólo duró unos minutos, suficientes para que las calles de la ciudad quedaran cubiertas de materia gris.

Cuando paró, la gente se aventuró a las calles y se preguntó qué se podía hacer con todos los cerebros. En distintas partes de la ciudad comenzaron a circular ideas. Cuando a alguien se le ocurría una, la proponía en voz alta. Algunos querían usarlos, aprovechar la capacidad cognitiva para ayudar a los que menos tenían. Otros preferían quedárselos para usarlos ellos mismos, como cerebro de reserva. Había quienes pretendían conectarlos a alguna máquina para ver si podían comunicarse con ellos.

No se llegó a nada concreto. Ninguno de los planes podía aplicarse. Nadie sabía hacer funcionar un cerebro suelto. Tal vez esa información estuviera almacenada en alguno de esos cerebros, pero no se podía llegar a ella.

Así que hubo que descartarlos antes de que se empezaran a descomponer. La gente de la ciudad lamentó tener que hacerlo, pero no había caso, con el cerebro solo no se puede hacer nada.

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11 Jun 2011

El Universo en la playa

Una persona, tirada en la arena, mientras contemplaba la inmensidad del mar reflexionaba sobre su insignificancia en el Universo. “Pensar que comparado con el Universo yo no soy más que este granito de arena”, pensaba.

A su alrededor, otras personas se hacían la misma reflexión. Cada uno se daba cuenta de su propia falta de importancia, y se asimilaba a un grano de arena. Pero como nadie decía en voz alta lo que pensaba, no se enteraban de que todos estaban pensando lo mismo. Estaban comulgando entre sí, estaban siendo parte de algo más grande que ellos, estaban dejando su propia individualidad para pasar a ser, entre todos, otra cosa, un ente superior. Cada uno era como un granito de arena, y juntos formaban una enorme playa de reflexión.

Pero no se limitaba a ellos. En las otras playas, aunque estaban aislados, otras personas formaban otras playas de pensamiento. Lo mismo ocurría en los desiertos, en las planicies. La gente observaba la enormidad y se ubicaba en su lugar. Todo el planeta estaba unido sin saberlo. Era como una gran bola envuelta en un mismo sentir. Y ese sentir hacía que todos tomaran conciencia de que el planeta, comparado con el Universo, era insignificante.

Sin embargo, y sin que lo supieran, en otros planetas se compartía el mismo sentimiento. La inmensidad del Universo era percibida en todos sus rincones, no había criatura que no pudiera compararse con el todo y salir perdiendo. Pero nadie tenía ganas de pronunciar su reflexión. Todos tenían miedo al ridículo, a generar un debate inútil, sin saber que el Universo entero tenía ganas de hablar de su insignificancia respecto del Universo.

El Universo, así, también estaba unido sin saberlo. La reflexión sobre la insignificancia trascendía a las galaxias, también insignificantes, y abarcaba cada rincón en el que hubiera alguien capaz de formularla.

Sin darse cuenta, todos juntos, pese a su insignificancia, habían logrado crear algo mucho más grande y trascendente que cualquiera de ellos. La humildad ante el Universo era tan grande como el Universo.

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Comida china

Cuando los chinos lograron suficiente poder adquisitivo, comenzaron a viajar por el mundo. Visitaron muchos países, conocieron sus paisajes y cultura. Muchos se interesaron por establecer contacto con aquellos chinos pioneros que habían emigrado y se habían establecido en otras latitudes. Entonces los chinos, en cada ciudad que visitaban, se preocupaban por conocer el barrio chino.

Fue así que los chinos conocieron la comida china. Sus compatriotas emigrantes habían desarrollado una nueva cocina que tenía aspectos de la tradicional, la que ellos conocían, pero resultaba más apetitosa para el gusto occidental. Para los chinos de China fue un gran descubrimiento. Una nueva manera de ver su propia cultura.

La voz se corrió por todo el país. Los que volvían de los viajes la recomendaban a los que estaban por viajar. La comida china se volvió un menú asociado con el placer de las vacaciones. Experimentarla era como encontrarse con algún aspecto de ellos mismos en otro lado del mundo.

No pasó mucho tiempo hasta que a alguien se le ocurrió abrir un restaurante de comida china en China. Así, no hacía falta viajar para disfrutar el sabor que antes requería cruzar océanos.

El restaurante fue un suceso, y llevó a la apertura de otros. Después de un tiempo, en toda China se podían encontrar restaurantes de comida china, con nombres como Tao, Los Palillos, Sonrisas y El Dragón de Shanghai. La gente se amontonaba en cada local para hacer pedidos o esperaba turno para comer ahí mismo. Otros, desde sus casas, saturaban las líneas telefónicas del servicio de envío a domicilio.

Los restaurantes que servían comida china tradicional debieron adaptarse al nuevo gusto de la población. Incorporaron arrollados primavera, chow fan, pollo Kung Pao, chop suey, chow mein, sopa de wonton y otros platos orientales de Occidente. Mucho antes, la mayoría de los restaurantes del país ya había adoptado la Coca-Cola como bebida estándar.

Los habitantes de China, encantados con la nueva comida, la consumían en todo momento. Desayunaban, almorzaban, merendaban y cenaban comida china. Por eso, debido a la cantidad de fritura que empezaron a comer, se produjo en China una epidemia de obesidad.

La población experimentó un gran aumento de peso. La masa muscular total de China subió en proporciones alarmantes. Cada persona necesitaba más lugar que antes para moverse y, como es lógico, se produjo una crisis de espacio en el país.

Los chinos empezaron a desbordar. Al empujarse unos a otros, se producían avalanchas, efectos dominó que hacían que muchos cayeran al mar o desbordaran hacia países limítrofes. Sólo la India, protegida por los Himalayas, y Mongolia, protegida por la Muralla China, se salvaron de la invasión de los gordos chinos.

El gobierno chino, para resolver el problema, implementó medidas para reducir el número total de habitantes. Se desarrolló un plan de emigración al que numerosas personas se anotaron. Así, China pudo volver a su densidad anterior. Y muchos países del mundo se llenaron de chinos, quienes llevaron consigo y diseminaron su gastronomía.

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3 Apr 2011

Alegría por dentro

Aunque no se note, en mi interior estoy lleno de alegría. Debo mantenerla bajo control, porque no quiero que se me escape. Hay que conservarla. Cada vez que consigo algo de alegría, la almaceno en mi profundo interior, así me queda para mí.

Mi apariencia de estar siempre enojado se debe al esfuerzo por mantener el nivel de alegría interna constante. Por eso ando habitualmente con esa cara de pocos amigos que me caracteriza. No es tanto una expresión de falta de alegría, sino de su presencia lejos de la superficie.

Por supuesto que cada tanto se me escapa algo de alegría. Es inevitable. Lo que trato de hacer es reparar rápidamente cualquier pérdida, para no tener que rellenarme de repente. Tengo que moderar también la ingesta de alegría, porque tampoco quiero que rebalse.

Un episodio así sería problemático, un enorme desperdicio de alegría que, bien usada, podría alegrarme la existencia durante bastante tiempo. De hecho, como viene ocurriendo desde que se me ocurrió acumular la alegría.

Así es más fácil vivir. Si uno está todo el tiempo mostrando su alegría a los demás, incluso intercambiándola con los otros, corre el riesgo de que venga gente a robársela. En cambio, cuando nadie se entera de que uno tiene alegría, van a buscarla a otro lado. De esta manera, además, no hay que cumplir expectativas que alguien se puede hacer.

Por eso no hace falta que vengan a calmarme, consolarme o ponerme música. Yo llevo mi alegría adentro.

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Cuerpo diplomático

El gobierno de San Marino, cansado de tener como principal socio a Italia, decidió expandir sus horizontes y entablar relaciones con todos los países del mundo. Para eso necesitó establecer embajadas en cada capital, de modo de poder defender sus intereses y difundir la cultura de San Marino.

Se destinó un gran esfuerzo nacional para construir el cuerpo diplomático. Hubo que entrenar a los embajadores y al personal de cada embajada. A medida que los estudiantes de relaciones internacionales se iban recibiendo, iban inaugurándose las embajadas. No pudieron abrirse todas juntas por falta de personal.

Como la población de San Marino no era mucha, un porcentaje muy importante fue destinado a las embajadas. Cuando lograron abrirse todas, sólo quedaba en el país un puñado de la población inicial, que se encargaba de coordinar la política exterior del país.

Los italianos, al ver que casi no quedaba gente en San Marino, decidieron invadir para acabar de una vez por todas con ese agujero en su mapa. A pesar de que la comunidad internacional, alertada por las embajadas de San Marino en todo el mundo, puso reparos, los italianos encontraron muy poca resistencia y pudieron tomar el control del lugar.

Se estableció en San Marino un gobierno bajo el control de Italia, que como primera medida hizo volver a todos los representantes diplomáticos del país que ya no era. Así, San Marino se volvió a poblar y todos los habitantes volvieron a sus antiguas ocupaciones.

La vida no cambió mucho respecto de lo que había sido antes del establecimiento de las embajadas, sin embargo algunos se quedaron con las ganas de tener independencia y comenzaron una campaña separatista. No tenían forma de vencer a Italia en una guerra, pero se armaron de paciencia. Sabían que, cuando el tiempo fuera propicio, no había quien les ganara en fuerza diplomática.

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13 Mar 2011
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