Camino azaroso

Este cuento es prácticamente exclusivo para usted. Las partes subrayadas son elegidas al azar de un total de diez posibilidades distintas para cada una. Como son dieciocho, quiere decir que este cuento tiene un trillón (1018) de combinaciones distintas. Puede probar otras recargando la página.

 

Me acercaba peligrosamente a un pozo ciego. Estaba cada vez más cerca, pero no hacía nada para evitarlo, porque el médico me había recomendado que segregara más adrenalina. Tanto me acerqué, que llegué nomás. ¡Maldición! Toda mi vida cambió de un instante a otro. En ese momento supe que me había equivocado.

¿Cómo salir de esa situación? Quise recurrir a Dios. Pero no podía, nunca respondió a mi llamado. Hasta que se acercó un taxi. Pronto quedó claro, sin embargo, que no estaba en condiciones de ayudarme porque era una ilusión óptica. “La recalcada concha de su madre”, pensé, “nadie me saca de acá”.

Como de algún modo tenía que sobrevivir, resolví conseguir un megáfono para pedir ayuda. El problema era que eso requería tiempo y dinero, entonces debí conformarme con comer lo que había por ahí.

Luego de algunos días de desesperación, decidí que el único que podía sacarme de ahí era yo mismo. Nadie me iba a ayudar. Debía tramar un plan para lograrlo, pero esta vez concretarlo, no como todos los planes que había hecho en mi vida; aunque rápidamente me dije que no era el momento para replantearme mi existencia. Entonces pensé: ¿qué haría Batman en esta situación? Eso me resultó muy útil, porque me di cuenta de que, sin dudas, construiría con su saliva una tela que le permitiría escapar fácilmente. Así que resolví seguir ese plan, y por suerte todo volvió a la normalidad.

Luego de superar esa difícil etapa, resolví realizar una profunda introspección que me llevó a convertirme, a partir de hoy, en monje de clausura.