Feliz sin serlo

Ella cree que es feliz. Está persuadida, convencida. No necesita cuestionarlo. Entonces sigue asumiendo su felicidad, sin saber que en realidad, en el fondo, no lo es.

Le gusta compartir su felicidad, exhibirla a los demás. También a ella. Se mira en el espejo y sonríe al verse feliz, y eso es suficiente para mantener su convicción errónea.

No sabe cuál es la receta que la ha llevado a la situación en la que está. Cree que el camino que la llevó a su posición actual en la vida es también un camino a la felicidad. No para de recomendarlo a los demás, sobre todo a los que ve menos felices que ella. Recuerda las grandes decisiones que tomó y se persuade de que estuvieron bien tomadas.

Por eso rechaza la idea de grandes cambios. Sin saberlo, rechaza la chance de una felicidad verdadera, genuina. Se conforma con la falsa que tiene, porque no sabe que es falsa. Tampoco quiere enterarse. Si alguien se lo insinúa, se enoja, y refuerza más su convicción de que lo que pasa es que la envidian.

Mientras tanto, ella sigue disfrutando. Nunca va a enterarse de que no es feliz.