La tela de la araña

La araña armó su tela entre dos ramas. Era un buen lugar, no muy visible, perfecto para descansar sobre un tejido suave. Pasó varias horas confeccionando la tela, cuidando los detalles estéticos y arquitectónicos. La probó, dando saltos sobre ella, para estar segura de que resistía. Luego se colocó en el centro, dispuesta a relajarse.

Pero, inmediatamente, una mosca que volaba por ahí quedó atrapada en la tela. La araña se asustó por el ruido del impacto, y después por el zumbido de las alas de la mosca que intentaba zafarse. La araña meditó un momento. No quería que la tela recién hecha fuera dañada. Arreglarla le implicaría un esfuerzo grande, y nunca iba a quedar del todo bien.

Decidió acercarse a la mosca para inspeccionar el daño. En ese momento, sin embargo, una polilla atravesó otro sector de la tela. Se produjo un gran impacto, y la araña vio cómo la polilla se zafaba y dejaba un gran agujero. Y antes de que pudiera reaccionar, tres moscas más cayeron en la tela y comenzaron a moverse frenéticamente, dañando más el delicado tejido.

La araña, al ver que la tela estaba arruinada, decidió abandonarla, y buscar un lugar mejor para armar otra tela donde no la molestara nadie.