Lorem Ipsum

Lorem Ipsum dolor sentía al sentarse, en consecuencia siempre estaba parada. En los colectivos la gente le hacía notar que había asientos disponibles, pero Lorem Ipsum siempre se negaba a aceptarlo. Sus pies no dejaban oír la más mínima queja, pero pronto sus rodillas comenzaron a dolerle.

La cura era simple: debía acostarse hasta que dejara de dolerle. El dolor en las rodillas, de todos modos, era bastante menor que el dolor que sentía al sentarse. Era un dolor muy profundo. Los médicos que había visto no le habían podido encontrar una causa, precisamente porque era un dolor demasiado profundo.

Claro que Lorem estaba interesada en sentarse. El resto del mundo lo hacía, ella no quería ser menos. Pero sólo le interesaba si no le dolía. Hasta que se le ocurrió que tal vez al resto de las personas también sentían el mismo dolor al sentarse. Posiblemente era sólo cuestión de aguantar.

Lorem Ipsum, entonces, hizo un esfuerzo y se sentó. El dolor que sintió fue muy profundo. Tan profundo que la gravedad lo trasladó a la silla donde Lorem Ipsum se había sentado.

“¡Lorem! ¡Estás sentada!”, exclamó al verla su padre, Pater Noster. Lorem asintió con la cabeza y otras partes del cuerpo. “Y además no me duele nada”, agregó con alivio. La silla no opinaba lo mismo, pero tampoco tenía forma de expresarlo, por lo que ni Lorem ni Pater se enteraron de lo que ocurría.

Pater Noster decidió que había que celebrar el logro, y propuso a su hija que fueran juntos a tomar un helado. Lorem Ipsum nunca perdía oportunidad de tomar helado. Pero tuvo miedo de que, al levantarse de la silla, le volviera el dolor. La silla, en tanto, deseaba fervientemente la llegada de ese momento. Pater se ofreció a ayudarla y se colocó detrás de ella, para sostenerla en cualquier caso.

Con cierto esfuerzo, Lorem Ipsum se levantó lentamente de la silla. Al lograr una posición erguida, la silla lanzó un gran suspiro. Pero nadie se dio cuenta de que había sido la silla. Lorem pensó que era su padre, y Pater pensó que era Lorem.

Ambos fueron a tomar un helado, mientras la silla, a pesar del alivio de no tener a Lorem encima, continuaba con el dolor. Intentó cambiar de posición para ver si se aliviaba, y encontró que si estaba acostada con el respaldo sobre el suelo no le dolía nada.

Por eso, al volver Lorem luego de tomar el helado, cuando quiso volver a sentarse, acomodó la silla. Pero la silla, justo cuando ella se estaba sentando, volvió a acostarse sobre el piso y Lorem cayó al suelo.

El padre la ayudó a levantarse y comprobó que no le dolía nada. Tomó la silla y la acomodó con firmeza en una posición apta para sentarse. Luego se sentó él. Pero a la silla ya no le dolía, entonces no le impidió acomodarse.

El dolor había quedado en el suelo, que lo tuvo que aguantar sin poder hacer nada.

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