Mercado de religiones

Cuando la gente no encuentra una religión cerca, empieza a desesperarse. Un porcentaje importante de la humanidad necesita apoyarse en certezas. No importa si esas certezas son equivocadas, la necesidad es de saber cosas que no se discutan, pilares en los que cada uno puede apoyar su vida.

Desde el principio de la Historia existieron esos pilares. En general fueron muy fuertes. Abarcaban a mucha gente, y mientras más gente se apoyaba en ellos, más fácil era persuadir a los otros de que las certezas sobre las que todo descansaba eran tales.

Actualmente, la situación es distinta. Las religiones están ahí todavía, pero no son tan atractivas. Han sido reemplazadas en muchos casos por otras formas de pensamiento mágico. La gente ya no dura toda la vida en una religión. Se va mudando, salta de una a otra.

Existe un mercado de religiones muy activo. En todos los ámbitos aparecen los vendedores de religión, que ofrecen a las personas que pasan cerca la posibilidad de sumarse a su selecto club. Ellos tienen todas las respuestas, todas la certezas que la otras religiones sólo fingen tener. La gente puede obtener el privilegio de pertenecer mediante un módico pago.

Cada una de estas religiones ofrece un mundo nuevo, una manera de ver la vida que difiere un poco o mucho de lo que cada persona antes hacía. Marcan un camino fácil, bien delineado, que permite dar un marco de previsibilidad a las acciones futuras. El azar queda afuera, uno es protegido por la pared que se construye alrededor. Nada la puede penetrar si uno tiene la fuerza de voluntad suficiente. El único que la puede romper es uno mismo.

A veces esa pared se rompe, y uno queda desprotegido. Pero por suerte, no pasará mucho tiempo hasta que venga el representante de otro club a ofrecerle la construcción de otra pared, mucho más sólida, que le permitirá volver a sentirse respaldado, ya no intimidado, por un mundo mucho más grande que uno.