Colocar la voz

El tenor se paró en el escenario con aires de suficiencia. Era sólo una fachada, por dentro estaba nervioso. Sabía que lo que iba a cantar era muy difícil. Sólo unos pocos habían logrado cantar esa aria a la perfección. El rango de notas era más para un coro que para un solista.

Sabía que podía hacerlo, porque en los ensayos le había salido. Pero no siempre. Varias veces había tenido problemas para llegar al si bemol final. No estaba seguro de poder controlar todas las notas durante la función. Si tenía suerte, todo saldría bien.

Por eso trataba de proyectar una imagen de suficiencia. Si el público se daba cuenta de que estaba nervioso, la presión se haría más grande. Y ya tenía suficiente con su incertidumbre como para agregar la de los demás.

El público aplaudió su aparición. Los músicos tocaron, y el tenor comenzó a cantar. Se sintió bien. Los nervios hacían que prestara atención a todas las notas, entonces la representación estaba saliendo muy bien. El público mostraba conformidad en silencio. Pero no había ninguna garantía de que el si bemol final fuera a sonar como debía.

Entonces el tenor se preparó. Sabía que podía. Prestó atención a sus movimientos. Era sobre todo una cuestión de técnica. Necesitaba colocar la voz. A medida que se acercaba el momento, mientras cantaba iba calculando cuánto aire tenía y cuánto faltaba para llegar a la temida nota.

Finalmente, luego de un suspenso marcado por la partitura, el momento llegó. El tenor respiró, abrió la boca y se dispuso a deleitar al público mientras producía su propio alivio. Pero los nervios le jugaron una mala pasada. Al respirar, envió tanto aire al diafragma que cuando quiso colocar la voz, las cuerdas vocales salieron volando y fueron a dar al medio de la platea.

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8 Nov 2011
Cuerpo humano Del año:

Esperaba un bebé

Las ecografías indicaban que era un varón. Había sido un embarazo incómodo. Se esperaba un parto complicado, por eso ella decidió seguir las indicaciones de los médicos y aceptar todos los anestésicos que le ofrecieron. Rompió bolsa unos días después de la fecha prevista. El bebé que esperaba había tenido un poco más de tiempo para desarrollarse.

Después de un trabajo laborioso, por fin dio a luz. Sin embargo, cuando la criatura salió, todos se llevaron una sorpresa. No era un bebé, como estaba previsto, sino un adulto bien formado.

Era la imagen perfecta del padre. Tenía la misma nariz, la misma frente, la misma barba. De hecho, era difícil diferenciarlos, salvo por el hecho de que el recién nacido estaba sin ropa, como había llegado al mundo, y mostraba dificultades para incorporarse.

La madre se mostraba agotada. Luego de que el padre cortara el cordón umbilical, el nuevo integrante de la familia fue llevado a otra sala para ser limpiado y vacunado. Pesó 68 kilos al nacer, y fue necesario agarrarlo entre cuatro enfermeras para poder darle las vacunas.

Cuando los médicos terminaron las intervenciones pertinentes, fue trasladado junto con su madre a una sala común. Lo depositaron en la cama de al lado, que por suerte estaba libre. Poco después, se produjo el mágico momento: la madre lo amamantó por primera vez. Mientras tanto, el padre se acercó al sector de geriatría para ver si podía conseguir pañales del tamaño apropiado.

Durante los dos días siguientes, los familiares y amigos de la pareja se acercaron al hospital con regalos y buenos deseos. Casi todos comentaron impresionados el tamaño del hijo y su parecido con el padre. La madre no hablaba mucho, tenía un semblante serio. Todos lo adjudicaban al agotamiento por el parto.

Finalmente, la familia fue dada de alta. Los flamantes padres llevaron al fruto de su amor entre los brazos de ambos. Lo sentaron en el asiento de atrás del auto y lo trasladaron hacia su nuevo hogar.

Cuando llegaron, la madre se echó a llorar. Su pareja se sentó a su lado, para acompañarla en el momento de emoción. Pero eran muchas las emociones. Por un lado estaba la felicidad innegable de ser madre. Por otro lado, la conciencia de la responsabilidad que a partir de ahora tendría. Sin embargo, también había una cierta frustración. No lo podía decir sin quedar como alguien insensible, pero su hijo la había decepcionado. Ella esperaba un bebé.

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5 Nov 2011
Cuerpo humano Del año:

Cadena de bicicleta

Siempre encontré conveniente no dejar la bicicleta al alcance de cualquiera. Por eso, cuando no tengo más remedio que estacionarla en la calle, uso una cadena con llave para dificultar que me la roben.

Ese día hice exactamente eso. Pero cuando volví, me encontré en una situación extraña. La bicicleta estaba ahí, nadie se la había llevado gracias a que estaba protegida por la cadena. Cuando la fui a abrir, la cadena empezó a sacudirse. Me costó dar vueltas a la llave, pero lo logré. En ese momento, la cadena pegó un salto enorme y se alejó varios metros.

No se quedó en eso. La cadena se alejó de mí reptando. Formaba una S sobre el suelo y se deslizaba por las baldosas, zigzagueando entre la gente, cuya presencia me impedía ir directo a agarrarla.

La empecé a seguir. Tardé pocos segundos, porque no podía irse a demasiada velocidad. Cuando la logré agarrar, se sacudió con gran fuerza. Pero esta vez estaba preparado y no la dejé volver a escapar. Como los sacudones seguían, decidí cortar por lo sano, la agarré de un extremo y le golpeé la cerradura contra el cordón de la vereda. Con eso no se volvió a mover.

Entonces fui a buscar la bicicleta, pero cuando llegué a donde la había dejado no estaba más.

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2 Nov 2011

La barba es parte de mí

Mi barba me acompaña cuando estoy solo. Me es fiel. Siempre está ahí, siempre sé dónde la puedo encontrar. Es como una extensión de mi cuerpo. Es lo que soy. Es parte de mí.

Es como mi sombra, pero mejor porque está también cuando no hay luz. Y se la puede tocar, acariciar, peinar. Está siempre cerca de mi cara. Yo la cuido, porque ella me cuida. Cuando hace frío, me protege. Me rodea el cuello y me abriga como una bufanda.

Requiere cuidados para estar saludable. Igual que yo. Tengo que tratarla con suavidad, porque a pesar de ser resistente, es también delicada. Si pasan muchos días sin el aseo correspondiente, se pone tensa, desordenada, pinchuda. En cambio, cuando la trato bien está grácil y sedosa.

Ella define mi apariencia. Mi cara no termina en el mentón. Si no estuviera, parecería otra persona. Como que me faltaría algo. Los niños no podrían agarrarse de ella para estar cerca de mí. No podría atarla a los caños cuando el colectivo está lleno. No podría hacer cosquillas a la gente cuando hago el gesto de negación.

A veces parece tomar vida independiente. La punta se traslada hacia distintos lados. A veces me indica el camino. Otras veces le indica mi camino a los demás, como una luz de giro. Pero en general se mueve junto con mi cabeza, asintiendo cuando mastico, absorbiendo el aire que respiro, filtrando los mosquitos que puedan llegar al cuello.

Ocurre a veces que me la piso, porque soy achaparrado. La barba va al suelo también, se solidariza conmigo, y después se queda cabizbaja, inconspicua, como si le diera vergüenza haberme traicionado. Pero yo la perdono. Sé que no es su intención. Como tampoco se engancha a propósito en las puertas de los ascensores. Y ahí ella sufre más que yo.

A la noche, después de lavarme los dientes y peinarla con dulzura, me acuesto con ella. En realidad, me acuesto en ella. Apoyo la cabeza en mi mullida barba, que es mucho mejor que hacerlo en una almohada. Porque aunque no parezca, la barba es parte de mí.

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30 Oct 2011

Feliz sin serlo

Ella cree que es feliz. Está persuadida, convencida. No necesita cuestionarlo. Entonces sigue asumiendo su felicidad, sin saber que en realidad, en el fondo, no lo es.

Le gusta compartir su felicidad, exhibirla a los demás. También a ella. Se mira en el espejo y sonríe al verse feliz, y eso es suficiente para mantener su convicción errónea.

No sabe cuál es la receta que la ha llevado a la situación en la que está. Cree que el camino que la llevó a su posición actual en la vida es también un camino a la felicidad. No para de recomendarlo a los demás, sobre todo a los que ve menos felices que ella. Recuerda las grandes decisiones que tomó y se persuade de que estuvieron bien tomadas.

Por eso rechaza la idea de grandes cambios. Sin saberlo, rechaza la chance de una felicidad verdadera, genuina. Se conforma con la falsa que tiene, porque no sabe que es falsa. Tampoco quiere enterarse. Si alguien se lo insinúa, se enoja, y refuerza más su convicción de que lo que pasa es que la envidian.

Mientras tanto, ella sigue disfrutando. Nunca va a enterarse de que no es feliz.

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27 Oct 2011

Concierto a beneficio

Se anunció un concierto a beneficio. Varios artistas de gran renombre formarían parte de una velada cuyo objetivo sería recaudar fondos para una causa que lo ameritaba. Las entradas se vendieron a una velocidad inaudita. Se auguraba un estadio lleno a rabiar. Todos los músicos estaban entusiasmados por formar parte de la iniciativa.

El día del concierto, los músicos se reunieron a almorzar para desearse suerte mutuamente. Durante la comida se habló sobre la causa que los congregaba. Todos estaban orgullosos de hacer un aporte, y cada uno se enorgullecía de que, además de participar en el concierto, también hacía donaciones de su bolsillo.

La idea flotaba en el ambiente y era cuestión de tiempo hasta que alguien mencionara lo aprovechador que era el público. Todos, evidentemente, estaban en condiciones de donar el valor de la entrada a la causa benéfica. Sin embargo, parecían necesitar que varios artistas de gran renombre formaran parte para hacer efectivo el movimiento de fondos.

Los músicos se dieron cuenta de que al público no le importaba la causa, sino verlos en escena. Esto último era razonablemente halagüeño, pero mostraba el egoísmo de los que iban a estar presentes esa noche en el estadio. Quién sabe cuánta gente no pudo comprar entradas por haber gastado su dinero en donar a la causa.

Todos se enojaron muchísimo, tanto que se les fueron las ganas de tocar para esa gente. Pero a esa altura no se podía cancelar el concierto. Además, existía la chance de que los miserables que iban a componer la audiencia demandaran la devolución del importe de las entradas, como si no se tratara de un aporte benéfico. Entonces se resolvió a regañadientes llevar a cabo el concierto.

Cuando fue la hora, los primeros músicos salieron a escena sin esperar que el estadio terminara de llenarse. Querían terminar cuanto antes. El público se sorprendió, pero aplaudió la puntualidad y, sobre todo, la llegada de los músicos. Luego de un frío saludo, se lanzaron a tocar el primer tema.

Pero no lo tocaron con entusiasmo. Más bien, fue una versión notoriamente pobre, a pesar de que era un tema que se tocaba seguido. La falta de ganas estaba afectando a la performance. El público notó las deficiencias, pero no importaba. Estaban viendo a los músicos en escena, entonces aplaudieron al final con gran entusiasmo.

Los músicos, al ver que el público no sólo estaba allí por razones egoístas sino que ni siquiera se dignaba a no aplaudir una versión mala de un tema conocido, o sea que tampoco iban a apreciar la música, se indignaron más. Salieron del escenario, debatieron unos minutos y decidieron suspender el show. Previamente volvieron a salir todos al escenario y explicaron la decisión. Lo hicieron sin guardarse nada. Llamaron miserable al público, y expresaron su desprecio con todas las de la ley. Indicaron también que, si en su miseria algunos querían que les devolvieran el dinero de las entradas, no iban a tener problemas, porque no tenían intención de recibir aportes de gente tan despreciable como la que poblaba el estadio esa noche.

El público, al principio, se quedó, esperando que el anuncio fuera un gag o algo. Pero pronto quedó claro que los músicos no iban a volver, entonces el público comenzó a retirarse. Pero nadie pidió la devolución del dinero. Tal vez por culpa, todos consideraron que, después de todo, valía la pena aportar para una buena causa.

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24 Oct 2011

El ocaso del Marroc

El bocadito Marroc disfrutaba de una longevidad inconspicua. Nadie le prestaba demasiada atención. No era objeto de promociones ni aparecía en publicidad. Se limitaba a estar disponible, sin ofrecer más que lo que podía dar. El público, enterado de sus virtudes, lo consumía en forma moderadamente masiva. De modo que seguía siendo producido.

Durante décadas, no había cambiado nada. Ni la forma, ni el tamaño, ni la composición, ni el envase. Era una de las pocas cosas permanentes de la vida. El bocadito era familiar para todos, fácilmente identificable por su envase plateado y rojo. Era también barato, muy portátil, apto para llevar en el bolsillo sin llamar la atención y sorprender a alguien (o a uno mismo) con su repentino descubrimiento.

Todo iba bien hasta que a los responsables de marketing de Fel-Fort se les ocurrió prestarle atención como producto. Notaron el nivel parejo de ventas, y la buena imagen que tenía entre los consumidores. Y pensaron que podían aumentarse los ingresos provenientes del Marroc. Fue el principio del fin.

Se lanzaron a un proyecto que en teoría era promisorio. El primer fruto fue la aparición de un Marroc light, que se suponía que iba a ampliar el rango de consumidores del bocadito. Y, aunque fue razonablemente bien recibido por el mercado, no fue así. No se incorporaron consumidores nuevos, sino que algunos que comían Marroc se volcaron a la nueva versión de bajas calorías.

Los ejecutivos se dijeron que no era un mal comienzo. No es frecuente que se lance un producto nuevo sin campaña publicitaria y tenga la aceptación del Marroc Light. Así que los primeros resultados les dieron ánimo para encarar la segunda etapa del proyecto.

Consistía en hacer una gran campaña publicitaria. Si sin publicidad el Marroc era un producto muy masivo, era lógico pensar que una invasión de los medios por parte del bocadito iba a resultar en la multiplicación de sus ventas. Todo cerraba en teoría, pero un elemento que no tuvieron en cuenta fue el que terminó arruinando todo.

El error fue poner expectativas sobre un producto ya masivo. Se lanzó una enorme campaña de publicidad en toda clase de medios. Aparecieron carteles exaltando las virtudes del Marroc. Su nombre decoró la camiseta de Estudiantes de La Plata. Los conductores de los programas más populares de televisión comían el bocadito en cámara y comentaban entre sí el sabor placentero y tradicional que todos conocían.

Tras semejante despliegue, se previó un gran aumento de la demanda de Marroc, y se aumentó considerablemente la producción de bocaditos para poder satisfacerla. Pero el público no respondió como se esperaba. Sí, las ventas aumentaron un poco, porque el Marroc estuvo más en la conciencia de los consumidores, pero no lo suficiente como para justificar (o costear) la campaña publicitaria. Para peor, la producción de más obligó a bajar drásticamente el precio del bocadito para poder venderlos todos, y a detener la fabricación de nuevos hasta que se acabaran.

Luego del fracaso de la campaña, se decidió volver a la estrategia anterior. Pero algo se había roto. El público se acostumbró al nuevo precio de los Marroc, sin embargo, cuando volvió a ser producido el precio retornó a su valor anterior. Esto fue visto entre los consumidores como un aumento injustificado, de modo que le dieron la espalda, y comenzaron a comprar otros bocaditos, como el Cabsha, que se mantenían en el mismo precio de siempre.

Rechazado por el público, después de un tiempo la producción de Marroc fue discontinuada, como consecuencia del error de la empresa de no dejar en paz a su mejor producto.

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21 Oct 2011

La vista desde el cometa

El cometa se acercaba al perihelio. Los habitantes estaban expectantes. Se consideraban una generación privilegiada, al poder conocer la luz y el calor del Sol. La órbita muy elíptica del cometa los mantenía durante grandes lapsos en los confines del Sistema Solar. Desde el último perihelio, la ciencia se había desarrollado mucho, y los habitantes estaban en condiciones de entender de qué se trataba. Había registros de la vez anterior, pero eran tan lejanos en el tiempo que era difícil distinguir el mito de la realidad.

De modo que la ciencia reportaba novedades todo el tiempo. A medida que el cometa se acercaba al Sol, se producían novedades. La capacidad de observación iba cambiando. Algunas cosas que en el lado oscuro se podían ver bien se perdían en la luminosidad reinante, pero otros objetos eran mucho más visibles, porque eran iluminados por el Sol y también porque estaban más cerca.

Así fue como los astrónomos del cometa pudieron ver que había un objeto que llevaba una trayectoria tal que iba a chocar contra ellos. Subsiguientes observaciones no dejaron dudas: ambos cuerpos chocarían a menos que se hiciera algo. Y para peor, cuando pudieron medirlo, comprobaron que el objeto que los iba a impactar era enorme, mucho más grande que el cometa y capaz de pulverizarlo en el choque. Era tan grande que tenía otro objeto subordinado, bastante más chico pero, comparado con el cometa, también muy grande y con potencial devastador.

Las autoridades del cometa se reunieron en forma urgente para ver qué podían hacer. Era preciso desviar la trayectoria o evacuar, dejar para siempre el cometa donde siempre habían vivido. Se llegó a la conclusión de que iba a ser necesario el abandono, porque no existía la tecnología necesaria para desviar el cometa. Otra opción que se contempló fue destruir de alguna forma al objeto que iba a impactar, pero se determinó que era aún menos factible con la tecnología existente.

Se hicieron planes, entonces, para evacuar. Se inició la construcción rápida de varias naves que iban a llevar a todos los individuos que entraran. No era posible sacar a todos, por lo tanto era necesario encontrar un método para elegir a quiénes iban a tener el privilegio de sobrevivir y ser testigos de la destrucción de su cometa.

Mientras se daba un gran debate público, en el que cada uno intentaba imponer un criterio en el que se salvara, los astrónomos dieron la voz de alarma. Otro objeto se acercaba al cometa, esta vez a mucha mayor velocidad.

Se trataba de un objeto alargado y puntiagudo, cuya trayectoria aparentaba venir del cuerpo que iba a impactar al cometa. La velocidad era tal que no iba a haber tiempo para evacuar. En cuestión de minutos impactaría. Los astrónomos no estaban en condiciones de predecir las consecuencias de ese impacto, por lo que los preparativos para la evacuación continuaron durante el poco tiempo restante. Sólo se vieron interrumpidos por una luz intensísima, el único síntoma que pudieron llegar a percibir de la destrucción del cometa.

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Calva esperanza

Una multitudinaria marcha se desarrollaba en una plaza de la ciudad. Los manifestantes estaban convocados bajo el lema “un compromiso por la paz”. Para motivar a los responsables de los diferentes conflictos a resolverlos, querían mostrar que el reclamo no se quedaba ahí, que no era una marcha más, sino que todos los presentes estaban dispuestos a hacer un aporte tangible a la causa, a sacrificar algo para obtener paz en el mundo.

Una vez congregada la gente, que no sabía de la naturaleza del compromiso que se les iba a pedir, el más carismático de los líderes formuló una arenga. Habló de la importancia de la paz, de que era una oportunidad para marcar la diferencia, de que todos tenían que dejar algo. El público aplaudía cada argumento. Cuando el líder percibió que la multitud estaba dispuesta a aceptar, se animó a pedir: que todos se afeitaran la cabeza en ese momento.

Una ola de duda recorrió al contingente. Algunos atinaron a irse, pero fueron interceptados por los más entusiastas. La duda fue suplantada en forma progresiva por la convicción de los más rápidos, que animaba a los que no estaban seguros a mostrar que tenían un compromiso real.

La organización sacó a relucir miles de afeitadoras, que fueron repartidas entre el público. Las personas se afeitaban entre sí con armonía, y cooperaban para conseguir más rápido el objetivo de lograr una muchedumbre completamente calva. En pocos minutos se consiguió. Miles de cabezas alternaban sus miradas entre el escenario y el resto del público. En el suelo de la plaza se formó una montaña de pelo, que la hacía parecer una gran peluquería. El cabello era recogido por la organización para ser vendido a las compañías de pelucas con el objetivo de recaudar fondos para futuras campañas.

El sol brillaba sobre las cabezas calvas. Se produjo un resplandor que el líder de la marcha comparó con la luz que debía iluminar al mundo. Ese resplandor llamó la atención de los oficinistas que estaban trabajando en los edificios vecinos. Unos cuantos corrieron hacia las ventanas para ver qué estaba produciendo semejante luminosidad. Y antes de que se dieran cuenta, la luz reflejada en las miles de calvas fue dejándolos ciegos, uno por uno.

Y aunque se molestaron muchísimo y les provocó numerosos inconvenientes, la ceguera no era en vano. Era un sacrificio que estaban haciendo, sin saberlo, por la paz.

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15 Oct 2011

La naranja se pasea

Estaba por exprimir una naranja. Estaba en la mesada, mientras yo buscaba un cuchillo para partirla en dos. Pero antes de que pudiera hacer el corte, la naranja saltó de la mesada y se escapó.

Salí tras ella. Me costó mucho encontrarla. Estaba atascada entre el sillón de la sala de estar y la pared. Justo en el momento que moví lo moví, la naranja astutamente siguió rodando.

Fue hacia el comedor. La seguí con las manos hacia abajo, y el cuchillo en una de ellas. No podía alcanzarla. Cuando estuve cerca, decidí tirarle el cuchillo para debilitarla. Pero no dio resultado. El cuchillo sólo cepilló una pequeña lonja de la cáscara.

La naranja se seguía paseando. Fue del comedor al baño, del baño al dormitorio, del dormitorio otra vez a la cocina. Yo trataba de adivinar el rumbo, pero terminaba siempre persiguiéndola.

En la cocina pude armarme mejor. Abrí el cajón de los cubiertos y lo examiné durante un instante, sin perder de vista la naranja. Agarré un tenedor y me quedé al acecho, esperando que la naranja volviera a pasar.

Así lo hizo momentos después. Apenas la vi venir, me agazapé. Cuando atravesó la puerta, salí de mi escondite y le tiré certeramente el tenedor. Los dientes se clavaron en la cáscara, deteniendo la trayectoria.

Entonces la agarré, la partí en dos y extraje su jugo. Luego lo bebí, con la placentera sorpresa de enterarme de que el jugo de naranja es más rico agitado.

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12 Oct 2011

Alto asado

Cuando fui al quincho a ver si estaba en condiciones para el asado, me encontré con que la palmera que está plantada al lado había hecho crecer sus raíces. Con tanta fuerza que el piso estaba rajado. Era necesario intervenir, cortar las raíces y reparar el piso. Pero no era urgente. Se podía hacer después del asado.

Así que limpié el quincho, lo dejé impecable. El día del asado llevé todos los elementos: carbón, carne, platos, bebidas, picada. Encendí el fuego y los leños se fueron calentando mientras los invitados llegaban.

Como era verano, el calor del fuego molestaba un poco. Algunos invitados pidieron encender el ventilador de techo. Me pareció buena idea, entonces lo encendí. Al hacerlo, nos pareció que estaba andando demasiado rápido. Tiraba un viento importante. Y encima era viento caliente, porque no hacía mucho más que remover el aire que venía de la parrilla.

Decidí no apagarlo, porque era preferible aire caliente en movimiento que quieto. Era bastante viento, de cualquier manera. Por la acción del ventilador, se movía todo: los platos, la mesa, las papas fritas, los leños, el piso.

De repente, el quincho despegó. Cuando la parrilla dio suficiente calor, la suma del aire caliente y el efecto helicoidal del ventilador hizo que se levantara hacia el cielo. Subió unos metros y después tomó la dirección contraria a donde se encontraba la parrilla. De la chimenea salía una columna de humo que marcaba nuestro camino.

Al vernos en esa situación, no teníamos muchas opciones. Decidimos poner la carne y hacer el asado igual. Ya teníamos la parrilla prendida, no íbamos a desperdiciar todo. Algunas mujeres que se habían ido a preparar la ensalada se lo perdieron, pero los demás disfrutamos de una comida memorable.

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9 Oct 2011
Juegos, Pop! Del año:

Sin descongelar

La heladera quedó sin descongelar, entonces se formó hielo. Cubrió el congelador hasta que quedó completo, entonces se expandió hacia el resto del habitáculo.

El paso del tiempo se notaba en cada centímetro que pasaba a ser cubierto de hielo. Cuando fue suficiente, la heladera quedó maciza. El hielo se seguía acumulando. Hizo presión hasta que abrió la puerta. La luz se encendió y derritió un poco, pero pronto la helada expansión acabó con el foco.

Con la puerta abierta, el hielo pudo continuar la expansión. Lentamente, cubrió la cocina. Luego el resto de la casa se convirtió en un glaciar. La presión del hielo rompió las ventanas, y el agua congelada ganó la calle.

Como era invierno, no se derritió fácilmente. La heladera continuaba la producción de hielo nuevo. El asfalto de la calle se convirtió en resbaladizo. Más tarde la calle quedó bloqueada por la enorme masa helada. Toda la cuadra se solidificó. Ya se podía ver desde los satélites.

El hielo se expandió por el barrio. Los árboles que adornaban las veredas quedaron preservados en el estado en el que se encontraban, como si hubieran estado en Pompeya. El hielo llegaba a las esquinas y las ocupaba. Luego se expandía en más direcciones.

Los semáforos quedaban en la posición que tenían cuando les llegaba el hielo. El agua podrida del cordón de la vereda, al moverse por las cuadras que todavía no estaban completamente cubiertas, erosionaba un poco a la masa, antes de congelarse y pasar a formar parte de la base. Las lluvias no hacían más que agregar agua susceptible de ser congelada y acelerar el proceso.

La expansión continuó hasta que el hielo copó la cámara eléctrica que abastecía a la zona. Al cubrirse de hielo, la subestación dejó de andar. El barrio se quedó sin luz, y la heladera dejó de funcionar. Entonces el hielo detuvo su avance, hasta que se retiró de la cámara, volvió la luz y la heladera volvió a arrancar, reiniciando así un ciclo que se mantiene hasta hoy.

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6 Oct 2011

Universos unidos

Dos universos paralelos corrían cada uno por su lado, ignorando la existencia del otro. Ambos eran autosuficientes, no tenían necesidad de relacionarse con otro universo para nada. Era lo mismo que el otro no existiera. Sin embargo, era una realidad innegable que existía.

De pronto, un universo perpendicular atravesó a ambos. De repente, estaban comunicados, formando una H. El hecho cambió las cosas. Los universos empezaron a perder materia, no sólo por la violencia del impacto sino porque el universo perpendicular la chupaba. Mientras más materia absorbía, resultaba más grande y poderoso.

Los dos universos se movían para intentar zafarse de la influencia perpendicular. Pero cada uno se movía por su lado, y el perpendicular usaba la fuerza de uno para zafar de los embates del otro. Así lograba mantenerse en posición para seguir creciendo. Si conseguía mantenerse durante unos pocos miles de millones de años, podría absorber el contenido de ambos y convertirse en el único universo del vecindario.

Pero los dos universos paralelos no iban a rendirse sin dar batalla. Continuaban los fútiles movimientos de liberación, con la esperanza de que en algún momento dieran resultado.

Uno de esos movimientos pareció avanzar en el sentido correcto. El universo perpendicular se zafó un poco de la posición de los dos. Rápidamente se cayó en la cuenta de que ambos universos habían hecho en forma independiente movimientos complementarios. Y ahí se tomó conciencia del poder de la unión.

Los universos entraron en comunicación y resolvieron coordinar los movimientos. Ya no estaban solos. Representantes de ambos trazaron un plan de acción para liberarse. Al ejecutarse, el universo perpendicular no tuvo chances, y fue expulsado sin concesiones.

Los dos universos paralelos pudieron continuar su existencia paralela. Pero ahora habían aprendido el valor de unirse. Así que no se separaron del todo, sino que cada uno dejó una representación en el otro. Los caminos separados de ambos universos ahora tienden a unirse. Falta mucho para que se produzca la unión definitiva, pero ya no son paralelos. Forman una larguísima V, cuyo vértice está hacia adelante, en el futuro, cuando ambos universos pasen a ser uno solo.

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Descenso a las profundidades

El piso se mueve. Se produce un marcado descenso. Todo se vuelve más oscuro. También más caluroso. Hacia arriba, se puede todavía ver la superficie, la claridad inalcanzable.

Mientras tanto, el calor aumenta. La oscuridad deja paso al calor. Sólo se ve un impenetrable rojo, cuya intensidad sube a medida que hace más calor. Si uno se acerca a cada fuente de rojo, percibe aún más calor. No es posible alejarse de todas. El camino está cerrado.

El calor no cede. Lo cubre todo. No es inofensivo. Tanto calor deja marcas que al principio son superficiales, un poco de color que se pierde fácilmente. Pero una vez que esas marcas se producen, no se sabe cuándo terminará el abismal calor, ni si está previsto que termine. Tal vez sea un calor eterno, al que habrá que acostumbrarse pero es imposible. Tal vez éste sea el destino final, un sufrimiento cada vez mayor en medio de un compartimiento que puede ser uno más de infinitos, sin posibilidad de interactuar con nada ni con nadie, sin salida visible excepto la resignación.

Sin embargo, cuando todo parece perdido, se produce el escape. El calor cesa, el piso pega un salto. Es el momento de salir. Ya están las tostadas.

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30 Sep 2011

Escalera a la Luna

Cuando las dos potencias peleaban por ser la primera en enviar hombres a la Luna, el principal esfuerzo estaba enfocado en desarrollar vehículos que lograran la magna tarea. Pero no era seguro que se lograra en un tiempo apropiado. Por eso la NASA confeccionó un plan B.

El plan de relativamente baja tecnología no era otra cosa que construir una escalera que pudiera llevar a un astronauta a pie hasta la Luna. Era un viaje largo, pero los astronautas estaban entrenados para soportar la gran exigencia física que el ascenso suponía. El diseño de la escalera previó descansos a intervalos regulares, y además se sabía que a medida que el tripulante se alejara de la Tierra, la gravedad a vencer iba a ser menos.

El mayor problema era que no había en los Estados Unidos un lugar adecuado geográficamente para ubicar el pie de la escalera. Los responsables de la NASA estaban aliviados de que tampoco la Unión Soviética tenía bajo su jurisdicción un lugar de la latitud necesaria. Era preciso que la escalera estuviera cerca del ecuador, para reducir la cantidad total de kilómetros.

Por cualquier emergencia, se razonó que lo mejor era ubicar la escalera en una isla, para que, en caso de que se cayera, lo hiciera en el agua. Era el mismo razonamiento de ubicar las plataformas de lanzamiento de cohetes en penínsulas. Se buscó el lugar más apropiado y se eligió el asentamiento británico en la isla Ascensión, en el medio del Atlántico.

Casi en secreto comenzó la construcción de la escalera. El método era simple: cada tramo se ubicaba debajo del anterior, y así la escalera subía sola. La primera etapa era una escalera pedestre, pero formaban parte del equipo ingenieros de Otis que planeaban convertirla en mecánica una vez que se hicieran los primeros viajes.

En muy poco tiempo la escalera era una realidad. Los que pasaban por la isla Ascensión podían verla. No se veía dónde terminaba. El pie estaba fuertemente vigilado, para que ninguna persona se convirtiera subrepticiamente en el primer ser humano en pisar la Luna. Ese honor sería otorgado a un valiente astronauta luego de que las más altas esferas políticas decidieran quién era la persona más apropiada para subir los 1.815.520.000 escalones que llevaban a la superficie selenita.

Se propuso que tal vez no era necesario subir todos esos escalones. Si se colocaba al astronauta en el tope de la escalera, a medida que se fuera construyendo iba a estar más cerca. Pero era un riesgo demasiado grande. La cúpula de la NASA tenía dudas sobre la seguridad de la escalera. Temían que no se mantuviera en pie. Por eso, además de hacerla muy resistente, se colocó en su punto más alto un transmisor que, si todo salía bien, iba a enviar fotos cada vez más detalladas de la superficie lunar.

Una vez terminada la escalera, se la amuró muy firmemente al suelo de la isla Ascensión, y se la apuntaló desde varios ángulos, para mayor seguridad. Recién entonces fue el momento de enviar un astronauta. Había que cuidar el momento de la partida, porque la escalera no conducía siempre hacia la Luna. La escalera estaba fija y la rotación de la Tierra hacía que una vez por día el tope llegara a la Luna.

El astronauta elegido subió en el momento indicado, en medio de una fastuosa celebración. Durante el camino envió reportes por radio en los que describía los paisajes que encontraba. También se transmitían partes de salud. Los médicos de la NASA aconsejaban momentos de descanso cuando lo veían muy agitado. Pero a medida que se acercaba a la Luna, en efecto, la gravedad se sentía cada vez menos y el astronauta se salteó varios descansos. Llegó entonces al tope antes que la Luna, y debió esperarla ahí.

Algunas horas más tarde, la Luna acudió a la cita. Cuando le pareció apropiado, el astronauta saltó hacia la superficie y dio los primeros pasos de un humano en otro mundo.

Estaba previsto que diera una vuelta y volviera, porque no era una misión científica sino una prueba del método de ascenso. Se pensaba que ya habría tiempo para la ciencia una vez comprobada la eficacia de la escalera. Pero fue esa eficacia la que trajo el problema.

Al estar construida en forma tan firme, al entrar en contacto con la Luna, la escalera resistió su embate. La fuerza orbital era tanta que la escalera se dobló, pero no lo suficiente para quebrarse. Al pasar el punto de resistencia, la escalera volvió a su lugar, empujando de esta manera a la Luna, que fue enviada junto con el astronauta a los más lejanos confines del Sistema Solar.

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