Pare de leer

Usted, sí, usted, deje de buscar iluminación en la literatura. No la va a encontrar. Agarre y empiece a vivir un poco. Transite las calles, las rutas. Interactúe con las demás personas y con la naturaleza. Verá que tiene mucho para aprender. Aprenderá haciendo, y evitando hacer, de maneras muy estimulantes no sólo para su intelecto, sino también para su cuerpo.

Cada tanto léase algo. No tiene nada de malo. Pero no saque toda su sabiduría de lo que lee. Contrástelo un poco con el mundo real. O con el mundo que lo rodea. El que sea. Eso le proporcionará el ejercicio necesario como para, por lo menos, poner en contexto lo que lee. Sus experiencias colorearán su lectura, y viceversa.

Suelte todo, vístase y salga a la calle. Vea el sol. Métase en el tránsito, compre verduras, vaya a barrios que no conoce a ver si la gente es igual. Hable con la gente. Aprenda cuándo es apropiado hablar con la gente y cuándo no.

Hágalo durante mucho tiempo. Años y años. Después, cuando tenga mucha experiencia y sepa cómo funcionan las cosas, póngase a escribir. Se sorprenderá de lo que ocurre al hacerlo. Volverá a pensar lo que vivió, y se encontrará con cosas que sabía sin saberlo, y que sólo hace conscientes al escribirlas. De esa manera, la literatura lo iluminará.