Quién soy

¿Cómo definirme? Recuerdo que mi bisabuelo Erasmo solía aparecerse frente a mi ventana mientras yo dormía, y me decía en sueños “hijo mío, no te definas porque luego no podrás escapar de esa definición”. Luego agregaba “hijo mío es una manera de decir, sé perfectamente que tú eres mi bisnieto”. Sin embargo, se me solicita que explique al mundo quién soy. Voy a intentarlo.

Para el Estado, soy el portador del documento número 28.544.681. Mucho no le importa la esencia de mi ser a esa máquina infernal, del mismo modo que al banco no le interesa el alma de la persona que va al cajero y marca el código 4148. Sin embargo, ambos son aspectos muy arraigados en mí. Claro que es probable que mi vida fuera prácticamente igual si esos números fueran otros.

Podría hacer como esas personas que se encuentran a sí mismas al ver lo que no son en otros. Pero no me gusta esa práctica. La considero aborrecible, al punto que soy capaz de decir que, primero y principal, soy una persona que no hace eso.

A los efectos de este sitio, soy alguien que escribe cuentos. Tal vez usted quiera saber qué hay atrás de ellos. No sé si es necesario. ¿Qué tiene de malo conformarse con la obra? Es posible que mi esencia esté ahí, y no en lo que yo digo que soy, si es que en algún momento digo algo. De cualquier manera, existo fuera de los cuentos, e incluso fuera de este sitio. En algún momento hubo alguien escribiendo estas líneas, del mismo modo en el que ahora usted las está leyendo. Y yo no le pregunto a usted quién es antes de permitirle leer. Lea nomás.

¿Cómo es posible tener una idea más clara de mi personalidad? Se puede echar un vistazo a mi diario semipúblico, una de cuyas entradas dice así:

En lo que a mí respecta, el jazz se divide en dos categorías: el divertido y el aburrido. Me encanta el dixieland, el ragtime, el big band, el swing, todo eso. Me gustan los jazz que me tiran para arriba, me gusta escuchar bandas que se nota que disfrutan al tocar.
Por el contrario, puede ser que su talento sea enorme, pero cada vez que escucho a Miles Davis me duermo.

Puede deducirse de esto que soy un aficionado al jazz. No es así, es sólo una opinión. Claro que podría ser lo único que usted sabe sobre mis gustos. Pero no se deje llevar por lo poco que usted sabe. No asuma que no hay nada más allá.

Entonces, hasta ahora podemos decir que soy una persona que a veces escucha jazz y tiene cuenta de banco. Puedo agregar el sexo masculino, algo que debería haber deducido al leer mi nombre.

Una opción es pegar acá mi currículum, pero ese documento sólo recopila algunas actividades que hice, no habla tanto de quién soy. Sí dice algo sobre mí el hecho de que tal documento no contiene mentiras. Puede usted sacar la conclusión de que soy una persona veraz y confiable. Puede también sacar la conclusión de que soy incapaz de mentir, y eso es lo que me hace veraz. No necesariamente no mentir implica ser sincero. Hay gente que no miente sólo porque no le queda otra. Claro que no es mi caso.

Otra manera de saber algo sobre mí es qué dicen los demás. Por supuesto, debe atenderse el hecho de que puedo eliminar todo lo malo, por sensibilidad o por falso. Es cierto también que cualquier persona trata de rodearse de gente a la que le cae más o menos bien. Pero igual se puede intentar. Una vez alguien me dijo que yo era “único”. Elegí interpretarlo como un elogio, aunque puede ser una crítica disfrazada de elogio. De cualquier modo, es verdadero. La única persona igual a mí que alguna vez encontré fue mi gemelo, que igualmente tiene la desventaja de que ser imaginario (desventaja que hasta lo que puedo saber no tengo yo).

Creo que la mejor herramienta para saber quién soy es comprender quién fui. Así se podrá deducir el presente a partir del pasado, a menos que el futuro se interponga en el camino.

Quién fui

La primera persona que recuerdo haber sido es Mepetres de Mileto. Se trataba de un amigo de Thales y el verdadero autor de su teorema. El problema fue que, como era analfabeto, no lo podía escribir y le pedí a Thales que lo hiciera. El célebre filósofo lo escribió y dio el crédito correspondiente, pero ese crédito se ha perdido, como la mayor parte de su obra.

También fui Hirochi, el inventor de la escalera. Se me ocurrió que debía haber una forma mejor de subir a los árboles. La primera escalera fue hecha con leños y colocada precariamente al pie de un árbol alto. El invento estuvo a punto de fracasar durante la primera prueba con público, porque los leños rodaban a los pies del que subía (que no era yo, era un tal Fukuoko). Pero por suerte sólo se desarmó cuando ya estuvo arriba, y más allá de la crudeza del prototipo, el público pudo ver el potencial. Pronto las escaleras se diseminaron por el mundo, pero Hirochi no obtuvo el crédito que merecía porque sólo tres o cuatro generaciones más tarde se inventó la Historia.

Ya en tiempos más modernos, fui un esclavo anónimo de Luis XVI. Posteriormente me dieron un nombre genérico, Jean, y me ascendieron a repostero real. María Antonieta disfrutaba mis creaciones y solía decir que mis tortas “le volaban la cabeza”.

También viví en América, más exactamente en Tierra del Fuego, donde fui un salvaje que atacaba a mordiscones a cualquier objeto que aparecía en la costa. Por suerte, la mayoría eran peces, pero una vez que llegó un barco mi dentadura sufrió graves perjuicios. Por suerte, el pescado casi no necesita masticación.

Fui además miles de personas de poca trascendencia histórica, como campesinos medievales, soldados chinos (hay un soldado de terracota que se parece a alguien que yo fui), habitués del hipódromo y gladiadores de reparto.

Qué opina la ciencia

Una vez se sentó a mi lado en el colectivo un científico. Era un señor de anteojos y guardapolvo blanco, que miraba por la ventana a través de un microscopio. Se ve que le resulté interesante, porque me pidió hacer un perfil sobre mi persona. Me entrevistó varias veces y luego me entregó un informe, que comparto aquí con ustedes para finalizar esta exposición:

Nicolás Di Candia pertenece a la especie homo sapiens, que se encuentra con frecuencia en el planeta Tierra y sus alrededores. Hereda esa condición de sus antepasados inmediatos, no así de los más antiguos.

Compuesto mayormente por agua, respira oxígeno y exhala dióxido de carbono. Se desplaza habitualmente en forma bípeda, por lo tanto deja libres dos de sus extremidades al hacerlo.

Es común verlo cubierto con una estructura de fibras que evita que se pueda apreciar la mayor parte de la superficie de su cuerpo. Esa estructura posee compartimentos que suelen estar llenos de elementos de escritura y medios de pago de naturaleza y validez variadas.

Es habitual que desaparezca de la superficie de su planeta, para reaparecer más tarde en una posición levemente distinta a donde vio el cielo por última vez. En general, cuando ocurre este fenómeno tiende a registrarse el inverso algunas horas más tarde.

Se comunica con sus pares a través de la emisión de determinados sonidos que provienen de su interior. A veces acompaña esos sonidos con movimientos de su cuerpo, poco perceptibles desde lejos.

Ha sido el autor de numerosos asesinatos de insectos, en general en defensa propia. Algunos no pasaron de intentos de asesinato, mientras que otros entraron en ambas categorías sucesivamente.

Tiene la costumbre de combinar siempre los mismos alrededor de treinta símbolos de distintas maneras. Muchas veces se lo puede ver apreciando algunas de estas combinaciones. Realiza esta tarea con la ayuda de una botonera que tiene una tecla por cada uno de los símbolos. Cuando no puede acceder a esa herramienta intenta, con poco éxito, dibujar los símbolos utilizando una sustancia de extractos vegetales.

Aún no es seguro lo que le ocurrirá en el futuro, porque cada vez que algo que le ocurrirá puede asegurarse es porque se ha convertido en pasado. Debido a eso, su destino es incierto y sus posibilidades ilimitadas.

Nunca supe a qué rama de la ciencia se dedicaba.