Tu valentía

Mucha gente calla lo que piensa. Tienen miedo a quedar en evidencia cuando dicen cosas delante de mucha gente. No quieren que se las asocie con ellos. No necesariamente lo que dirían es algo que los haría impopulares. Sólo que prefieren seguir siendo parte de los que escuchan, en lugar de ser de los que hablan.

Vos, en cambio, no sos así. Vos sos valiente. Te parás frente a todos y hablás. Decís lo que tenés para decir. No te da vergüenza. Y el público te aplaude, parcialmente porque están aliviados de no tener que ir ellos a decir lo que te pusiste a decir vos. Eso que es cualquiera, que es una pelotudez muy grande, pero que todos piensan. Y vos te animás a decirlo. Vos le ponés la cara.

Eso te hace al mismo tiempo valiente y admirado. No te hace más imbécil que los que te admiran, sólo te convertís en un símbolo de ellos. Te destacás por la palabra, aunque la idea no sirva para nada. No sos un salame más. Sos el salame parlante, el primer salame. Un salame con el coraje de decir, en voz alta y sin temor a las consecuencias, las estupideces que piensan todos.