Vía aérea

Los hermanos Wright deben haber creído que cumplían el sueño del hombre. Que la humanidad iba a celebrar lo extraordinario de elevarse más allá de las nubes y trasladarse por el aire, como los pájaros.

Sin embargo, con intrépidas excepciones, resultó que a nadie le interesa volar. Sí, volar puede ser una experiencia fascinante, pero nadie se sube a un avión para eso.

Resultó que a la gente lo que le gusta es trasladarse. Y el avión es una manera muy práctica de llegar rápido a lugares distantes. Que lo haga por aire es secundario. Es la misma razón por la que no continuaron los viajes a la luna. Se logró, fue una hazaña. Pero en la luna no hay nada.

Se generó, entonces, una enorme industria de traslado de personas por aire, que se sumó a las que trasladan por agua, tierra o bajo ambas. Pocos pueden acceder a aviones privados, y aun los que tienen, deben moverse entre aeropuertos. Los hay grandes y chicos. Muchas veces la ruta que una persona quiere hacer no existe en forma directa, y es necesario tomar dos o tres vuelos sucesivos. Puede ser cansador esperar muchas horas en aeropuerto para después subirse a un avión y sentarse a esperar que llegue a destino. La gente se distrae con lectura, juegos, películas, sueño o mirando por la ventana hasta que se produce la llegada. Y al llegar, cada pasajero se alegra de, por lo menos por ese día, haber terminado de volar.