Periodismo Maldito: Los comediantes

Ciertos personajes sienten que tienen alma de comediantes, pero en realidad deberían dedicarse a otra cosa. Algunos de ellos efectivamente trabajan de otra cosa. Sin embargo, eso no les impide tratar de ejercer lo que ellos creen que es su verdadero talento.

Los periodistas deportivos que quieren ser comediantes son fáciles de reconocer: son los que ponen el humor en primer lugar, por encima de la rigurosidad fáctica. Prefieren ser graciosos a estar bien informados. (Existen otros, que complementan su performance informativa con gracia. Ellos no son los que describimos aquí.)

Estos especímenes, en general, trabajan de noteros. Tienden a poner un micrófono delante de los protagonistas, pero no para acercarnos sus palabras sino para tener una audiencia para sus chistes. Muchas veces se ven en la obligación de explicar que sus preguntas no eran en serio, de modo que el ocasional interlocutor no tenga que pensar una respuesta adecuada. De este modo le indican que se ría. Ocurre que muchas veces los protagonistas acaban de salir de jugar un partido, están cansados y pasados de revoluciones, entonces es necesario que el periodista le diferencie las preguntas de verdad y las humorísticas (también es cierto que unas y otras, en muchos casos, no se diferencian demasiado).

Algunos de estos personajes saben que ellos no son los que el público quiere ver, y tienen la noble intención de cooperar con los verdaderos protagonistas para que sean ellos quienes obtienen la gracia. Porque quieren la satisfacción de que sus chistes sean escuchados por el público, sin importar quién los diga. De modo que piensan un chiste de formato pregunta-respuesta y hacen la pregunta. No siempre la respuesta es la esperada, pero eso no es problema: si llega a ser necesario, el periodista comediante la indicará con mayor o menor sutileza, según el caso.

El humor en la mayoría de los casos proviene de metáforas sexuales. Ése es el secreto de todo gran comediante, porque ya se sabe que cuando el público recuerda la existencia del sexo, ríe. Se trata de un principio que ningún sociólogo ha sabido dilucidar, pero es utilizado por algunos de los más exitosos comediantes, profesionales o no. Eso sí: se requiere una gran capacidad de transmisión de ideas, porque el público no necesariamente asumirá que palabras como «mojar», «colocar» o «manguera» se utilizan para aludir al sexo.

Hay algunos periodistas/comediantes que han hecho carrera en esa especialidad. Algunos de ellos, sin otros talentos, son enviados a los más grandes eventos del mundo para que hagan notas a miembros del público, con quienes compiten para ver quién es más ocurrente. Este método permite eludir el peligro de enganchar a algún jugador sin sentido del humor y que tenga la intención de escaparse de la nota. También sirve para evitar tener que transitar barreras idiomáticas: sólo es necesario buscar a alguien que no entienda el idioma que habla, decirle cosas ofensivas y extraer de ese modo la gracia de una situación que, sin su tarea, no la tendría. Otros periodistas/comediantes menos experimentados, para evitar la humillación de tener que conformarse con entrevistar al público, se ven obligados a utilizar el poco sutil recurso de agarrar a los jugadores de un brazo.

Anexo: Los poetas

Un grupo aledaño al de los comediantes es el de los poetas. Son los que alguien les puso la idea en la cabeza de que son maestros de las palabras, y siempre creen que nunca se le ocurrió a nadie lo que ellos pensaron. Están persuadidos de que son el fruto del amor de Borges y Bioy. Son los que, si Gimnasia le gana a Boca, titulan «en la Boca del Lobo», y se sorprenden porque aún no recibieron el Nobel de literatura.

Pero no se quedan ahí. Algunos tienen la intención de ser profundos y elaboran largas elucubraciones en las que, ellos piensan, hacen lucir su ingenio. En general son colecciones de lugares comunes que cubren el tiempo/espacio requerido sin lograr disimular lo que resulta notorio: el autor no tiene nada para decir.

Muchos de ellos tratan de comparar al fútbol con las bellas artes, porque tienen la idea de que el deporte es una actividad inferior, aunque están al tanto de que forma parte de la cultura. Creen que saber de fútbol no es suficiente para ser una persona completa, y por eso tienen la intención de ilustrar al público con sus conocimientos de filosofía, pintura, ballet, música clásica (de la cual tienen la idea de que es la única que realmente vale la pena a pesar de que nunca la escuchan), cine francés y teatro. No suelen concurrir a museos ni otros foros artísticos, prefieren quedarse mirando fútbol. Pero tienen culpa, y tratan de liberarse de ella con la fusión de la poesía y el periodismo deportivo.