El baño y el otro lado

No sabía que tenía diarrea. En general la diarrea no se hace notar hasta último momento. Por eso, cuando sentí la urgencia, al principio no hice nada. Calculé que podía esperar. Y me equivoqué en el cálculo. Por suerte, me dí cuenta a tiempo del error, pero tuve que apurarme para llegar al baño.
Estaba con el tiempo justo. Sabía que no debía dejar que nada me interrumpiera. Si era necesario, debía prescindir de todo material de lectura. La urgencia lo ameritaba.
Como estaba bastante lejos del baño, debí correr. En el camino abría puertas, prendía y apagaba luces. Deseaba fervientemente no encontrarme con ninguna puerta cerrada con llave, porque podía ocasionarme graves problemas. Si tiraba algo, planeaba levantarlo en el camino de vuelta.
Justo cuando faltaban unos pocos metros para el baño, se me apareció un fantasma. Una figura traslúcida vestida de oscuro, con ropa como del siglo XVIII, se paró frente a mí y con un extraño acento me dijo “traigo un mensaje del otro lado”.
Pero yo no tenía tiempo para estas cosas. En ese momento, lo natural era mucho más importante que lo sobrenatural. Seguí mi camino, pasé a través del  fantasma y logré llegar a tiempo al baño. Antes de atravesarlo pude ver cierta confusión en su rostro.
Pasé los siguientes minutos en el baño, preguntándome qué comida podría haberme traído semejante diarrea. Luego de un rato, ya aliviado, tiré la cadena y me acordé del fantasma.
Después de lavarme las manos, salí a buscarlo. Busqué por toda la casa. Ya no estaba. Tal vez se había ofendido. Tal vez pensó que yo no estaba listo para lo que me querían comunicar. No sé qué pudo haber ocurrido. Y aunque cada vez que paso por el lugar de la aparición lo recuerdo, nunca más lo volví a ver.