No pienso aceptar sus términos

Usted seguramente empezó a leer este texto con la idea, en algún nivel de su conciencia, de irse formando una opinión sobre su calidad. Es probable que, a través de su idea de la calidad del texto, se forme otra sobre la calidad del autor. ¿No le parece una pésima razón para leer?
No importa que su opinión sea buena, es la necesidad de opinar lo que molesta. Un autor calcula cada palabra, escribe todo lo que le parece adecuado, reescribe, pule, corrige y publica, todo para que venga cualquier persona y diga que es “una mierda”.
Este autor se niega a quedarse quieto ante semejante atropello. El lector tiene que saber que el autor también puede formarse una opinión sobre los lectores. Yo, por ejemplo, opino que si usted opina que el texto es una mierda, usted es un pelotudo. En cambio, si opina que el texto es bueno, es muy posible que sea un pelotudo igual.
Si a usted le gusta este texto, podría creerse que no pienso nada malo de usted. Sin embargo, nada impide que a usted le guste este texto por razones equivocadas, y por lo tanto sea también un pelotudo.
Así que, si usted es demasiado sensible y necesita, además del leer, tener una opinión sobre lo que leyó, le pido que se vaya a otra parte. Acá no tiene nada que hacer. Hay un montón de autores necesitados que están dispuestos a aguantarse los términos que usted propone. Vaya y lea textos de ellos.
A los que quedan leyendo, les digo que no confío en ustedes. Estoy seguro de que sólo quieren saber cómo termina el texto para formarse una opinión acerca del final. Ustedes son los peores. Los desprecio.
Y para que no sigan con su intromisión, voy a cortarla acá. No me interesa escribir para esa clase de lectores. Buena suerte.

Verdades acerca de usted

Usted sabe leer. En este momento usted está leyendo, y lo que está leyendo es la palabra esto. Usted acaba de hacer una pausa en su lectura, indicada por la puntuación.
Usted se está preguntando a dónde quiero llegar con esto. Pero continúa leyendo, evidentemente no se decepcionó todavía con estas verdades que le estoy disiendo. Usted acaba de notar que “diciendo” está escrito con ese. Lo hice a propósito, sólo para darle la satisfacción de haberlo notado y mostrarle mi imperfección y vulnerabilidad. Tal vez usted esté buscando otros errores ortográficos a ver si puse más, y puede que encuentre. En ese caso, lo felicito.
En los últimos segundos usted no estaba pensando en las Islas Canarias. Pero ahora sí. Ése es mi poder, dirigir su pensamiento hacia donde quiero. Ahora usted va a pensar en: una manzana, un avión, una pelota número 5, Cristóbal Colón, un ala delta, un terrón de azúcar, cualquier objeto fálico y el color amarillo. ¿Vio? Usted pensó en todas esas cosas, y por lo tanto tengo control sobre su pensamiento.
Usted no se preocupa porque esto es un juego inofensivo, y está tranquilo al saber que el dueño de lo que usted realmente piensa, sobre todo acerca de asuntos relevantes, no es otro que usted. Usted opina que la libertad, la democracia y los derechos humanos son cosas buenas. Me atrevería a apostar que usted cree que las Malvinas son argentinas. A usted le parece que su educación podría haber sido mejor. Usted a veces se arrepiente luego de realizar alguna actividad. Usted está compuesto mayormente de agua. Usted inhala oxígeno y exhala dióxido de carbono. Lo mismo hacían sus ancestros.
Usted ya hace varios párrafos que agarró la idea. Sin embargo, sigue leyendo. Eso quiere decir que le interesa cómo va a seguir. Le interesa particularmente cómo va a terminar. Y seguramente me quiere agarrar en alguna inexactitud. No lo conseguirá, soy muy cauto para estas cosas. Por eso, lo que más me conviene es terminar rápido. Así que va la última verdad: al acabar esta oración, usted llegará al final.