Cómo comer las Chocolinas

Las galletitas básicas ofrecen muchas maneras de ser comidas. Las Chocolinas, con su sabor de chocolate sin complicaciones, son muy buscadas en sí mismas y también como ingrediente básico de otros platos más elaborados. La Chocotorta es el que más se destaca. Consiste en agrupar capas de Chocolinas, como en una lasagna, y separarlas con capas de alguna sustancia preparada al efecto. Puede ser Casancrem con dulce de leche, dulce de leche solo, Nutella, o la combinación que sea. Una vez terminada, la torta resultante puede ser bañada en chocolate o enviarse directamente a la heladera, para su solidificación parcial.
Otra manera es rellenar Chocolinas individualmente. Untarlas con dulce de leche y completar el sandwich con otra Chocolina. Es importante utilizar para este fin el lado plano de la galletita, porque si se usa la cara art-decó se generarán dificultades para el untado.
Pero la mejor manera de comer Chocolinas es rellenarlas con las mismas Chocolinas. El procedimiento es sencillo. Empieza con la consumición normal, como si se fuera a comer una cantidad de Chocolinas por sí mismas. Pero se anula el tragado. De esta manera, quedará en la boca una pasta consistente en las Chocolinas tritutadas. Con dos o tres alcanza para tener suficiente pasta.
Luego se regurgita la pasta hacia otra Chocolina, en su lado plano, en forma más o menos pareja. Al terminar, se le coloca una segunda Chocolina. En este momento se debe presionar. El bolo alimenticio que sirve de relleno, entonces, rebalsará, y lo que sobre será aplanado con la lengua. Quedará una deliciosa galletita doble, de aspecto similar a una Rumba, que podrá disfrutarse solo o acompañado.

Acabemos con la tira

Hay que terminar con la tira roja que la gente cree que sirve para abrir los paquetes de galletitas. Nunca han cumplido ese propósito. Están ahí, en todos los paquetes, ofreciendo sus servicios a los que puedan tener ilusiones de producir, con su ayuda, una apertura elegante. Nunca la conseguirán. La tira lo impedirá.
Será difícil encontrar el resquicio desde donde tirar. Si se lo logra, habrá que tirar con mucho cuidado, para conservar la ilusión de que sólo se creará una pequeña zanja en el celofán. No durará mucho. En pocos instantes, se verá cómo el paquete que contenía herméticamente las galletitas se divide en dos prácticamente iguales, sin que ninguno sirva para guardar galletitas.
La tira está desde tiempos inmemoriales, a pesar de que no sirve para nada. No puede ser casualidad. Tiene que haber alguien atrás. Alguien patentó ese invento infernal y está entongado con la industria galletitera para mantenerla en todos los productos. Y por cada paquete de galletitas que se vende, esa persona se lleva un porcentaje en concepto de patentes. Algún individuo de este mundo ha acumulado millones y millones de dólares con la venta forzada de un producto que nadie pide, y a nadie sirve. Sólo viene incluido con lo que la gente quiere, las galletitas, sin que haya forma de impedirlo.
Seguramente el mismo individuo es el que está atrás de la desaparición de las latas grandes que resultaban una alternativa de venta minorista de galletitas. Esto no puede ser. Tenemos que liberarnos. La cinta roja nos ata como consumidores, y nos obliga a alimentar a una persona que no merece ni siquiera nuestro respeto. Es un escándalo.
Es necesario boicotear todas las galletitas, hasta que alguna se dé cuenta de que se puede prescindir de la tira, o inventar un método que sí funcione. Entonces habrá que comprar ésas.
Tenemos el poder. Usemos las fuerzas del mercado para ganarle a los millonarios arbitrarios. Y, por obra nuestra, el mundo tendrá más justicia.