Historias dentro de historias

Si escribo sobre algo, en realidad voy a estar escribiendo sobre alguna otra cosa. Toda historia son dos. O, mejor dicho, en toda historia hay otra historia escondida que es la que el lector puede descubrir si sabe leer. Incluso, dicho de otra manera, las historias se hacen pasar por otras historias, más digeribles, de manera que el lector más que leerla las perciba.

Ese es el oficio del escritor. Crear esas historias paralelas y vincularlas a través de puntos estratégicos, tal vez inconscientes, de manera que al sostener una historia sean dos o más las que se sostienen. Cuando sale bien, escribir y leer son experiencias muy satisfactorias.

Pero, a veces, uno tiene ganas de escribir una historia sola. No tiene por qué ser dos. Sí, estará mezclada entre toda la herencia cultural, y un lector avezado podrá trazar paralelismos. Pero el autor no necesariamente debería tener que hacerlo. Puede especializarse y dedicarse a su propia historia, que puede ser rica por sí misma.

Y, además, hay un elemento de engaño. Cuando se escribe una historia para en realidad contar otra, es en cierto modo una estafa. Y es sólo «en cierto modo» porque los lectores están habituados a esto y lo esperan. Pero no tendrían por qué esperarlo. Podría sorprenderlos, incluso gratamente, en algún texto con el que se topen.

Una solución está en escribir las historias naturales, sin agregarles nada. Al hacerlo, se encontrará que la historia naturalmente tiene relaciones con otras. Una historia es muchas, y sugiere lecturas de otras historias. No es algo que el autor pueda evitar. El truco está no en buscarlo, sino en encontrarlo. Sólo después de encontrarlo está bien emprender la búsqueda.

No quiero decir nada más

No quiero decir nada más que lo que estoy diciendo acá, con estas palabras. Es inútil ponerse a buscar otros significados, otros niveles de percepción. Eso es para los que no saben decir todo con palabras. Y se hacen llamar escritores. Agarran y sugieren, nada más, y dejan que el lector piense las cosas que ellos no tienen ganas de escribir directamente. Son escritores indirectos. Y, si lo piensan bien, convierten a los lectores en escritores. Con el riesgo de que los lectores pueden pensar cosas distintas de las que pensó el escritor, y entonces estarán escribiendo una obra propia, y no se dan cuenta ni de que es propia, ni de que están escribiendo.
Un lector activo, como podría ser usted, es bienvenido. Pero tiene que tener muy claro que lo que no está dicho acá es algo que usted piensa. Como autor, no me hago responsable de lo que usted piensa, por más que se lo haga pensar yo. Usted es libre de pensar e interpretar lo que tenga ganas, y si no lo siente así, el problema no es mío y trasciende la relación autor-lector que tenemos en este momento. No me pida que se lo solucione.
Usted también tiene imaginación. No necesita que le esté contando cosas para usarla. Puede dejarla hacer. Tal vez requiera práctica, si está muy atrofiada. Si se anima, podrá llegar a crear muchas cosas que no me imagino, porque las tiene que imaginar usted. No es difícil. Y tiene que darse cuenta de que es usted el que imagina, incluso cuando es a partir de algo que lee.
Lo que usted imagina es una creación suya. Por ejemplo, lo que sea que le disparan estas palabras, más allá de lo que dicen las palabras en sí. No es de nadie más. No es de un autor (como yo) que usted esté leyendo, ni de Dios, ni de duendes que le insertan pensamientos. Es usted el que crea, aunque no se dé cuenta. No me necesita para tener imaginación. Usted puede solo.
Pero igual no significa que esté perdiendo el tiempo al leer esto. Tal vez sí lo pierde, no sé, usted sabrá lo que hace. Pero estamos compartiendo un momento de intercambio. Usted está haciendo funcionar su cerebro a partir de lo que escribí yo mientras hacía funcionar el mío. Y eso tal vez le genere pensamientos distintos de los que hubiera generado por sí mismo.
Quiere decir que lo que usted lee, por ejemplo esto, tiene algo de influencia sobre lo que usted piensa. Pero tenga en cuenta que aunque piense lo mismo que estoy pensando yo, el que lo hace es usted. Reconózcalo, y siéntase bien, colega.