Historias dentro de historias

Si escribo sobre algo, en realidad voy a estar escribiendo sobre alguna otra cosa. Toda historia son dos. O, mejor dicho, en toda historia hay otra historia escondida que es la que el lector puede descubrir si sabe leer. Incluso, dicho de otra manera, las historias se hacen pasar por otras historias, más digeribles, de manera que el lector más que leerla las perciba.

Ese es el oficio del escritor. Crear esas historias paralelas y vincularlas a través de puntos estratégicos, tal vez inconscientes, de manera que al sostener una historia sean dos o más las que se sostienen. Cuando sale bien, escribir y leer son experiencias muy satisfactorias.

Pero, a veces, uno tiene ganas de escribir una historia sola. No tiene por qué ser dos. Sí, estará mezclada entre toda la herencia cultural, y un lector avezado podrá trazar paralelismos. Pero el autor no necesariamente debería tener que hacerlo. Puede especializarse y dedicarse a su propia historia, que puede ser rica por sí misma.

Y, además, hay un elemento de engaño. Cuando se escribe una historia para en realidad contar otra, es en cierto modo una estafa. Y es sólo «en cierto modo» porque los lectores están habituados a esto y lo esperan. Pero no tendrían por qué esperarlo. Podría sorprenderlos, incluso gratamente, en algún texto con el que se topen.

Una solución está en escribir las historias naturales, sin agregarles nada. Al hacerlo, se encontrará que la historia naturalmente tiene relaciones con otras. Una historia es muchas, y sugiere lecturas de otras historias. No es algo que el autor pueda evitar. El truco está no en buscarlo, sino en encontrarlo. Sólo después de encontrarlo está bien emprender la búsqueda.

La trama

Todos, escritores y lectores, somos felices escribiendo o leyendo el principio de cualquier historia. Estamos llenos de expectativa por todo lo que puede seguir. La encontramos en un estado eminentemente explorable. Estamos visitando un mundo nuevo y queremos saber cómo es, cómo funciona, quién es la gente que lo habita.
Exploramos ese mundo, y somos felices, porque nos gusta ver mundos que no conocíamos. Hasta que nos encontramos con la trama. Y ahí todo cambia. De pronto el orden se altera. Ya no es como lo conocimos durante ese breve tiempo. Y no hay vuelta atrás. La trama se encargó de arruinar todo. La única forma de salir es resolverla.
Comenzamos entonces el arduo trabajo de desarrollar todas las variantes que tiene la trama, que nos pueden ocupar gran parte de la historia. Deseamos volver a la estabilidad inicial, pero ya no es posible. La trama lo impide en forma absoluta. Es necesario centrar toda nuestra atención en ella, a pesar de que no es ella lo que nos atrajo hasta donde estamos.
Todos los personajes, todos los giros idiomáticos, todos los recursos narrativos se ponen en función de la trama, de manera directa o indirecta. Nos molesta, porque sentimos que nos están matando el mundo que queríamos explorar. Y no sólo eso: también nos están obligando a ir en una dirección. Tal vez la trama sea una forma de explorar el mundo, pero es sólo una. Aplica el principio científico de destruir lo que estudiamos para poder saber cómo funcionaba. Y nosotros éramos pacíficos. Nunca quisimos alterar nada. Sólo buscábamos conocerlo.
Pero ahí está la trama, y ya no hay nada que hacer. En todas las historias pasa lo mismo. Ya leímos y escribimos suficientes como para saber que lo más probable es que la trama se termine resolviendo. Pero también sabemos que una vez que se va, lo que deja es algo distinto que lo que encontró. El mundo al que entramos al principio de la historia ya no va a existir más. Ahora va a quedar sólo el que la trama se ocupó de construir, que puede ser bueno y todo pero no es lo que queríamos al principio. Nuestro reflejo conservador rechazará estos cambios, y tendremos que adaptarnos.
También tendrán que adaptarse, en el futuro, las secuelas de la historia. Porque parten desde el mundo creado por la trama, no desde el anterior. Y vienen con tramas propias, o a veces con la misma. Algunas intentan partir desde el mismo lugar, y tratan de hacernos volver al mundo que habíamos conocido al principio. Pero no es posible. La conciencia de la trama nunca se va. Y ahora sabemos que los mundos no duran.