Mocos de generaciones

Cuando el primer alumno pegó un moco a la parte de abajo de su pupitre, en vida de Sarmiento, no se imaginaba que estaba iniciando una cadena destinada a llegar a nuestros días.

Él y sus continuadores crearon una pegajosa sucesión de mocos, chicles y otras sustancias, que comunican a generaciones de alumnos a través de los pupitres. Cuando un chico llega a una escuela nueva, la presencia de la masa bajo su pupitre le recuerda que es parte de una larga tradición.

Cuando se produce una renovación de pupitres, los escritorios prístinos son sometidos a la ceremonia de inauguración de una nueva cadena de mocos. El primero de ellos certifica que el pupitre es aceptado por los alumnos y permite el pegado de otros.

Las administraciones de las escuelas no son muy afines a esta tradición. Es más bien una costumbre informal, compartida por los alumnos a través de diferentes generaciones. Algunas autoridades insisten en la limpieza, en tener el mobiliario en condiciones, pero igual respetan la tradición de los mocos, porque ellos también fueron alumnos. Entonces exigen que la superficie de cada pupitre se mantenga prolija, pero hacen la vista gorda ante lo que ocurre debajo.

Así, los alumnos también aprenden la importancia no sólo de las apariencias externas sino de la realidad bajo la superficie. Aprenden a manejarse por abajo de la mesa mediante las costumbres llevadas a cabo por sus antepasados y antecesores. Aprenden, en suma, a manejarse en la sociedad.